¿ESTAMOS LOS CRISTIANOS OBLIGADOS A DIEZMAR..?
Como primera medida, es necesario aclarar qué es el diezmo, bajo qué condiciones fue instituido y en qué consistía ese arreglo.
¿Qué es el diezmo..?
La primera mención que encontramos en las Escrituras acerca del diezmo, está en Génesis 14:20, cuando Abram le entregó a Melquisedec, rey de Salem, la décima parte del botín conseguido en la reciente guerra contra una coalición de varios reyes que habían saqueado a Sodoma y Gomorra y que tenían secuestrado a su sobrino Lot. Es interesante notar que Abram no entregó a Melquisedec la décima parte de todos sus bienes, sino solamente de lo obtenido como botín en esa batalla (Hebreos 7:4); y el 90% restante, descontando las partes que tomaron legalmente Aner, Escol y Mamre, Abram lo devolvió al rey de Sodoma. Los aliados de Abram no dieron diezmo ni fueron obligados a hacerlo.
Más tarde, Jacob, el nieto de Abraham, hace un voto a Dios y le dice que si le ayudare a regresar con bien a su casa paterna, y le supliere comida y vestido, Yavéh será su Dios y le promete que: "de todo lo que me dieres, el diezmo apartaré para ti".(Génesis 28:22)
El diezmo, pues, fue entregado por Abram a Melquisedec como una forma de agradecer las bendiciones que este rey y sacerdote le proclamó al recibirlo cuando volvía de derrotar a los reyes. Para qué utilizó los diezmos Melquisedec, no se nos revela. De igual forma, no sabemos en qué forma le entregaba Jacob los diezmos a Dios ya que en esa época no estaba instaurado el sacerdocio levítico.
Cuando la ley mosaica fue dada al pueblo de Israel, el diezmo formó parte de ella y debía entregarse a los sacerdotes levitas. En la repartición de tierras, los miembros de la tribu de Levi no tuvieron heredad, así que Yavéh los compensó con el diezmo. A su vez, los levitas debían diezmar al sumo sacerdote.
El diezmo en el Antiguo Testamento, bajo la ley mosaica, consistía en la décima parte de las cosechas que debía entregarse cada tres años; y esta ofrenda debía darse con alegría, no solamente a los levitas, sino al extranjero, al huérfano y a la viuda. Todos los necesitados debían comer de ese diezmo. (Levítico 27:30; Números 18:21; Deuteronomio 14:22; 26:12)
Años después, cuando el profeta Samuel oró a Yavéh comunicándole con desagrado que el pueblo de Israel quería tener un rey, igual que el resto de las naciones paganas, Dios le contestó:
"Escucha la voz del pueblo en todo lo que te diga, porque no es a ti a quien han desechado. Es a mí a quien han desechado, para que no reine sobre ellos. De la misma manera que han hecho conmigo desde el día en que los saqué de Egipto hasta el día de hoy, abandonándome y sirviendo a otros dioses, así hacen contigo también. Ahora pues, escucha su voz, pero adviérteles solemnemente y declárales cuál será el proceder del rey que ha de reinar sobre ellos.". (1 Samuel 8:7-9)
Al contrario de lo que opinan muchos cristianos que aseguran que Dios se complace en la autoridad del hombre sobre el hombre, es evidente aquí que Dios sintió desagrado por la petición del pueblo para tener un rey ya que, con esta actitud, estaban rechazando el gobierno directo de Dios sobre ellos. Con todo, Yavéh los complació y les dio un rey –Saúl- quien a la postre hizo muchísimo daño al pueblo de Dios, igual que lo hicieron la mayoría de reyes de Israel.
Antes de darles un rey, Yavéh advirtió sobre las funestas consecuencias que traería una medida de esta naturaleza al pueblo elegido. Entre otras, les mencionó que el rey:
"Tomará el diezmo de vuestros granos y viñedos para dárselo a sus funcionarios y servidores. También tomará el diezmo de vuestros rebaños, y vosotros mismos seréis sus siervos.." (1 Samuel 8:15,17)
El diezmo, con esta nueva medida, sería tomado por los reyes para dárselo a quien éste considerara conveniente y las consecuencias finales conducirían a que los israelitas se convirtieran en siervos del rey. Yavéh sigue advirtiendo:
Aquel día clamaréis a causa de vuestro rey que os habréis elegido, pero aquel día Jehovah no os escuchará. (1 Samuel 8:18)
¿Estas advertencias lograron hacer desistir al pueblo de Israel en su torcido deseo de tener un rey para imitar a sus vecino paganos..? No. Al contrario, se empecinaron más tercamente en conseguirlo negándose a escuchar el deseo de Dios de gobernarlos directamente.
Sin embargo, el pueblo rehusó escuchar a Samuel. Y dijeron: -¡No! Más bien, que haya rey sobre nosotros. Entonces nosotros seremos también como todas las naciones. Nuestro rey nos gobernará, saldrá al frente de nosotros y llevará a cabo nuestras batallas. Samuel escuchó todas las palabras del pueblo y las refirió a oídos de Jehovah. Y Jehovah dijo a Samuel: -Escucha su voz y constituye un rey sobre ellos- (1 Samuel 8:19-22)
Aunque a Dios no le agradó esta petición, respetó la decisión de Israel y misericordiosamente pasó por alto su rebeldía de querer sujetarse a otro hombre antes que a Él.
Así, en conclusión, vemos que el diezmo tenía el doble propósito de hacer recordar a los hijos de Israel que todo lo bueno les venía de Dios y, también, cumplía con el objetivo de proveer el sustento para los levitas, sacerdotes del Señor, para alimentar a los necesitados –viudas, extranjeros, huérfanos y demás pobres-, y, bajo los reyes, para pagar el ejército y los funcionarios gubernamentales, incluido el rey.
Evidentemente, el diezmo no era para que Dios lo consumiera, sino que fue un arreglo divino que cumplía ese doble propósito de disponer el corazón de los israelitas para ser agradecidos con Dios por todo lo recibido, y misericordiosos con los necesitados. De manera similar se trataban los sacrificios diarios. Aunque de algunos sacrificios los sacerdotes levitas comían, la mayor parte de la carne era devuelta al ofrendante. Vemos cómo Dios jamás buscó el enriquecimiento de los sacerdotes a costa del pueblo, sino que con estos diezmos, ofrendas y sacrificios (además, por supuesto, de su sagrado significado al prefigurar al Cristo) todos fueran beneficiados.
Cristianos y diezmos
Con mucha frecuencia vemos que en las iglesias de la cristiandad, se insta al feligrés a diezmar y ofrendar (al pastor o líder, claro está) so peligro de verse expuesto a una terrible maldición que se encuentra en Malaquías 3:
Robará el hombre a Dios? ¡Pues vosotros me habéis robado! Pero decís: `¿En qué te hemos robado?' ¡En los diezmos y en las ofrendas! Malditos sois con maldición; porque vosotros, la nación entera, me habéis robado. (Malaquías 3:8-9)
Ante este estridente llamado, los creyentes que desconocen todo lo relacionado con la ley y la gracia, acuden prontamente a quienes consideran representantes y administradores de Dios –los pastores y líderes- y les confían diezmos, ofrendas, primicias y otras categorías contempladas bajo la ley mosaica y hábilmente citadas por los líderes religiosos para aplicarlas al Nuevo Pacto y obligar a las ovejas de Cristo a dar y dar como un rito religioso cuyo principal objetivo es, hay que decirlo, engrosar los bolsillos y las cuentas bancarias de estos pastores y líderes religiosos que mantienen en ignorancia al pueblo de Dios en lo referente al tema porque claramente les conviene.
No es extraño ver a estos pastores que hacen mercadería con la palabra de Dios, viviendo como príncipes en casas por encima del promedio, vistiendo y comiendo por encima del nivel del común de los feligreses. ¿Y saben qué contestan cuando se les confronta con las diferencias entre el nivel de vida de ellos y el del "resto" de las ovejas..? Dicen descaradamente, citando textos bíblicos, que "el obrero es digno de su salario", que "a los que sirven hay que tenerlos en doble honra", y muchos pasajes más que usan torcidamente para justificar su codicia y su avaricia. César Castellanos, pastor general y autoritario del demoniaco G12, se complace ante todos sus seguidores de lo mucho que Dios lo bendice económicamente; habla de sus viajes en primera clase alrededor del mundo, de sus empresas, de sus trajes, propiedades y autos asegurando que los tiene porque Dios se complace en dárselos. Igual hace su esposa, la senadora Claudia Rodríguez de Castellanos hablando de sus perfumes costosos y de sus victorias políticas. David Yonggi Cho, de Asambleas de Dios, le añade al supuesto favor de Dios sus técnicas orientales de visualización "cristianizadas" para explicar su inmensa riqueza. Igual lo hacen Cash Luna, Benny Hinn y otros "apóstoles" de la prosperidad. Y lo mismo ocurre en muchas denominaciones sencillas y menos poderosas en todo el mundo: hombres que se colocan como intermediarios entre Dios y los hombres, exigen el pago de diezmos, ofrendas y primicias (no en especie sino en dinero en efectivo, claro está) arguyendo que son portadores de una especie de sacerdocio cristiano-levítico que ha reemplazado en nombre al del antiguo pacto pero que en sus funciones sigue reclamando la misma vigencia.
En una sencilla y modesta iglesia de Asambleas de Dios a la que yo asistía, el pastor no tenía reparo en afirmar que Dios pronto lo iba a prosperar y que no deberíamos extrañarnos si lo veíamos estrenando carro o comprando una casa lujosa. Pero esa prosperidad no vendría –obviamente- del trabajo que hiciera con sus propias manos, sino de los diezmos y ofrendas de la iglesia. Es decir, veía el crecimiento de la iglesia como una manera de incrementar su economía sin descartar, eso espero, la salvación de estas almas perdidas.
En estas iglesias se da por hecho que el pastor debe administrar y lucrarse según su personal criterio del dinero de diezmos y ofrendas.
Pero esta técnica de enriquecimiento no es nueva. Al contrario del diezmo y las ofrendas bíblicas, que beneficiaban a toda la comunidad, muchos líderes religiosos y emperadores empezaron a ver las ventajas de esta forma de convertirse en multimillonarios de una manera fácil, legal y rápida. La iglesia Católica obligó durante más de mil años a sus fieles a dar el diezmo, y por eso se enriquecieron de esa manera tan exorbitante aún en países pobres donde esos diezmos y ofrendas eran igualmente obligatorios. Las religiones paganas de China también lo usaron para enriquecerse; hasta los reyes –como es el caso de la Corona española- viendo lo lucrativo del negocio, esgrimieron la Biblia (1 Samuel 8:15,17) y obtuvieron del Vaticano esa prerrogativa "divina".
Cuando las amenazas de maldición no funcionan, el pasaje de Malaquías también sirve al propósito:
Pruébenme en esto dice el Señor Todopoderoso, y vean si no abro las compuertas del cielo y derramo sobre ustedes bendición hasta que sobreabunde. (Malaquías 3:10)
Así, ya no se recurre al miedo sino que se echa mano de la codicia que hay en cada ser humano. Se les dice que diezmar es una especie de negocio que obliga a Dios a bendecir a quien ofrende y diezme. El pastor hispano Dawlin Ureña quien tiene una próspera iglesia en Michigan y un "ministerio" en internet (www.antesdelfin.com) nos dice con descaro:
Si usted da el Diezmo que corresponde al Señor, ¡Él no tiene alternativa que bendecirle! De hecho, esta es la única vez en toda la Biblia donde el Señor nos reta a probarlo. ¿Desea aceptar el reto? (¿Qué es el diezmo...? en su página Web)
Aquí, este próspero pastor, nos dice que cuando alguien diezma, Dios "no tiene alternativa que bendecirle..!". Esta es una herejía de calibre mayor a la que la misma bendita palabra de Dios condena:
Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero. (Hechos 8:14-20)
Cuando el diezmo es visto como un instrumento para obtener favores y dones de Dios, se esta menospreciando su gracia:
Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra. ¿Qué pues? Lo que buscaba Israel, no lo ha alcanzado; pero los escogidos sí lo han alcanzado, y los demás fueron endurecidos; (Romanos 11:6-7)
La gracia, los dones, regalos de Dios, no nos vienen por lo que nosotros podamos hacer. Ni diezmando, ni ofrendando ni haciendo cualquier cosa podremos nunca obligar a Dios a que nos bendiga. Él nos bendice por su infinita misericordia, porque se complace en hacerlo, no porque –como dice Ureña- :"no tiene más alternativa.."
Argumentos como éste no son más que excusas ramplonas e infames para exaltar la codicia tanto de los pastores que reciben, como de los feligreses que dan esperando aumentar su "inversión".
Básicamente, esta visión de considerar las bendiciones económicas como una "recompensa" a nuestras ofrendas y diezmos, (sin mencionar que muchos otros pastores auguran maldiciones de enfermedades y muerte a quien no diezme) nos lleva a la conclusión de que la gracia de Dios en realidad no es gracia (algo gratuito e inmerecido) sino que es un pago por nuestra acción. Aquí vale la pena considerar qué nos dice la Biblia al respecto:
Porque la paga del pecado es muerte; pero el don de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro. (Romanos 6:23)
El don es un regalo; la recompensa es un pago. Como recompensa, se constituye en el pago por nuestras acciones; y no hay duda de que el único pago que nos merecemos es la muerte. Si no existiera la gracia de Dios, todos estaríamos condenados. Cualquier cosa que el hombre reciba de Dios es por gracia, no por obras, Una cosa excluye a la otra: Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. (Romanos 11:6)
Sigue diciendo el pastor Ureña, que "El Diezmo es una Ley Espiritual que no tiene limitaciones por el paso del tiempo. Aunque se estableció en el Antiguo Testamento, esta ley hoy continua tan efectiva como siempre". (Op.cit)
Aquí el pastor Ureña pretende meter una mentira basándose en una verdad. Es cierto Que el diezmo se estableció en el Antiguo Pacto pero es mentira que continúe vigente. Como casi todas las ordenanzas, leyes y sacrificios de la ley mosaica, el diezmo es un "tipo espiritual" una sombra de otras cosas bajo un nuevo pacto. ¿De qué cosa es el diezmo una sombra..? De la ofrenda con alegría y desinteresada. Antes de explicar el punto, es bueno considerar por qué no estamos obligados a dar el diezmo.
El diezmo y la ley
Algunos dicen que el diezmo era anterior a la ley. Lo cual es cierto. Sin embargo, el guardar el sábado también era anterior a ley mosaica; igual la circuncisión y los sacrificios expiatorios; todas estas cosas eran anteriores a la ley dada por Moisés a Israel pero curiosamente los pastores "cristianos" sólo aplican este principio al diezmo con el obvio propósito de tratar de probar su plena vigencia hoy día. Sea cual sea el caso, el diezmo, al igual que el sábado, la circuncisión y los sacrificios expiatorios fueron incorporados por Yavéh a la ley dándoles así el carácter de obligatorio cumplimiento por parte de su pueblo.
Muchos cristianos sinceramente equivocados nunca disfrutan de una plena relación con Dios simplemente porque se han quedado a la mitad del camino entre la ley y la gracia. Están en una especie de "limbo" religioso sin saber exactamente qué cosas requiere Dios de nosotros, qué tipo de obras son las que Dios aprueba para obtener la salvación y sus numerosas bendiciones.
Sabiendo que nada de lo que hagamos nos puede hacer merecedores de los dones de Dios (y la salvación es un don) es necesario dejar bien claro que una vez que una persona ha confesado a cristo para su salvación, su justicia ya no depende de observar la ley de Moisés, ni total ni parcialmente.
El diezmo, al igual que muchas otras instrucciones, forman parte de lo que llamamos "la ley mosaica", "la ley de Moisés" o, simplemente, "la ley", un conjunto de leyes, mandamientos, estatutos, ordenanzas y juicios que fue dada a Israel por medio de Moisés. Cuando las Escrituras mencionan "la ley" está refiriéndose a todo ese sistema de leyes que incluyen también los conocidos diez mandamientos. Nada podía quitarse a esta ley y tampoco nada podía añadírsele. Así, toda persona que estuviera bajo ley, estaba obligada a observar el sistema de leyes en su totalidad en todo momento. No existía ni existe posibilidad de observar unas partes de la ley y otras no; tampoco hay posibilidad de observar la ley solamente en algunos momentos y dejar de hacerlo en otros. Toda persona que esté bajo ley, está por necesidad, obligada a guardarla toda y en todo momento.
Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos. Porque el que dijo: "No cometerás adulterio", también ha dicho: "No matarás". Ahora bien, si no cometes adulterio, pero matas, ya te has hecho transgresor de la ley. (Santiago 2:10-11)
Así, sabiendo que el diezmo es parte de la ley, quien observe este punto está obligado a guardar el resto de la ley. Es decir, quien observe la ley, como medio de justicia, será juzgado de acuerdo a la ley. Algo espantoso si se acepta la verdad escritural de que nadie –excepto Cristo- ha podido cumplir la ley.
Sabiendo que quien observa un solo punto de la ley, está obligado a observarla toda, llegamos a la pregunta:
¿Estamos los cristianos obligados a guardar la ley...?
Que nos conteste la Escritura
Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia. (Romanos 6:14)
Y otra vez declaro a todo hombre que acepta ser circuncidado, que está obligado a cumplir toda la ley. Vosotros que pretendéis ser justificados en la ley, ¡habéis quedado desligados de Cristo y de la gracia habéis caído! (Gálatas 5:3-4)
Aquí se nos revelan tres cosas importantes: Primera, que los cristianos no están bajo ley sino bajo gracia; una cosa excluye a la otra: una persona bajo gracia no puede estar bajo ley, y una persona bajo ley, no puede estar bajo gracia. Nadie puede estar bajo ambas. Segunda, el pecado no tendrá señorío sobre los cristianos porque ellos no están bajo ley. Si una persona permanece bajo ley, el pecado tendrá dominio sobre él, si quiere escapar de éste, tiene que salirse del señorío de la ley. Tercera, que cualquiera que pretenda cumplir una parte de la ley, está obligado a cumplirla toda quedando automáticamente desligados de Cristo.
Porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree. (Romanos 10:4)
Cuando una persona coloca su fe en Cristo para su salvación, ese es el fin de la ley para esa persona como medio para conseguir justicia. Pablo no dice que la ley se termina como parte de la palabra de Dios. Al revés, asegura que la palabra de Dios "permanece para siempre". Lo que quiere decir es que la ley termina para el creyente en Cristo, como medio de conseguir justicia.
De nuevo, es bueno enfatizar que la justicia del creyente ya no se deriva de guardar la ley, ni en parte ni toda, sino únicamente de la fe en Cristo. Pablo afirma que la ley, como medio de justicia, terminó con la muerte expiatoria de Cristo en la cruz:
Y a vosotros estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz. (Colosenses 2:13-14)
Dios no anuló los pecados. Anuló el acta de decretos, el documento de la deuda, la ley.
Para el cristiano, el pecado ya no tiene señorío sobre él. Cristo ha justificado a quien ejerce fe en él. Pablo afirma que la ley no está hecha para un cristiano, justificado por su fe, y que él ya no está bajo el dominio de la ley.
Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. (Romanos 8:14)
Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley. (Gálatas 5:18)
Esto significa que los verdaderos creyentes, los hijos de Dios, son guiados por el Espíritu de Dios (no por hombre alguno); y que eso los distingue precisamente como hijos de Dios. El hecho de que estén guiados por el Espíritu de Dios, significa que tales personas no están bajo la ley.
En pocas palabras, esto quiere decir que la evidencia de ser un verdadero hijo de Dios por la fe en Jesucristo, es que uno sea guiado por el Espíritu de Dios. Si uno es guiado por el Espíritu de Dios, entonces no está bajo la ley. Por lo tanto, es imposible ser un hijo de Dios y, al mismo tiempo, estar bajo la ley. En otros términos, quienes están bajo ley, no son hijos de Dios. Así de simple.
¿Los cristianos ofrendan...?
Sabiendo que el diezmar y ofrendar no es obligatorio para los cristianos, ¿quiere decir eso que un cristiano no debe hacer ofrendas de ninguna clase..?
Como mencionamos al principio, los mandamientos sobre diezmos y ofrendas eran apenas una sombra de mejores cosas que habrían de venir y que quedaron firmemente establecidas con la muerte, sepultura y resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Mediante el sacrificio de Cristo, quedamos bajo lo que la Biblia llama "la ley de la gracia", "ley de la fe" o "la ley de la libertad" que consiste en la aplicación de los grandes principios subyacentes en la ley dada a Israel: "amar a Dios sobre todas las cosas" y "amar a tu prójimo como a ti mismo". Siendo la ley mosaica la aplicación detallada de estos dos principios.
El pueblo de Israel, duro de corazón, nunca entendió esta gran verdad y se extravió del propósito de la ley haciendo de ésta un fin en sí misma.
El propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio, de buena conciencia y fe no fingida. Algunos, desviándose de esto, se perdieron en vana palabrería. Pretenden ser doctores de la ley, cuando no entienden ni lo que hablan ni lo que afirman. (1 Timoteo 1:5-7)
Tenga presente que El propósito de este mandamiento es el amor. El supremo propósito y objetivo por el cual la ley fue dada fue inculcar el amor; el amor por Dios y amor por el hombre. Pablo también dice que todos los que enseñan o interpretan la ley de Moisés sin comprender este básico propósito, desviándose de esto, se perdieron en vana palabrería (..) no entienden ni lo que hablan ni lo que afirman.
Esto no significa que la ley fuera mala. Aunque ese no es el tema de este estudio, baste decir que la ley no consiguió su finalidad como medio de justicia para el hombre, no porque hubiera algo malo en ella, sino debido a la naturaleza imperfecta del hombre. Tanto bajo la ley como bajo la gracia, el fin es el mismo: El amor. Bajo la ley, el medio usado para este fin es un conjunto externo de leyes, mandamientos y ordenanzas impuestos desde afuera del hombre; bajo la gracia, el medio utilizado es el obrar milagroso y la continua e interna operación del Espíritu Santo desde dentro de nosotros.
Ese obrar del Espíritu Santo dentro de nosotros comienza con una milagrosa operación efectuada por Él dentro del corazón de cada creyente. Eso es lo que la Biblia llama "nacer de nuevo":
Y os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré corazón de carne. (Eze 36:26)
Porque este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días -declara el Señor-. Pondré mi ley dentro de ellos, y sobre sus corazones la escribiré; y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. (Jer 31:33) (BLA)
Ese "nuevo pacto" prometido por el Señor, es ese pacto de la gracia mediante la fe en Jesucristo, que hoy llamamos el Nuevo Testamento.
Así que, yendo al punto, un cristiano no diezmará ni ofrendará como medio de conseguir justicia o bendiciones de parte de Dios, sino que actuará generosamente porque su corazón, gobernado por el Espíritu Santo, lo llevará a hacerlo de un modo natural y desinteresado.
"Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre" (2 Corintios 9:7)
Pablo nos insta a dar alegremente, no porque se tenga una necesidad que pretende ser suplida mediante esa "inversión" en que los líderes religiosos han pretendido convertir las ofrendas, haciéndolas ver como un lucrativo negocio donde uno da y Dios le devuelve multiplicado varias veces. El ofrendar no debe ser por necesidad de recibir un milagro ya sea financiero o de cualquier otro tipo. Dios da sus dones y milagros gratuitamente. No hay necesidad de tratar de comprarlos. Eso es necio y aberrante.
El ofrendar a un hermano en necesidad, o el ayudarlo de cualquier otra forma sin esperar nada a cambio, y haciéndolo alegremente, son demostraciones claras de que tenemos fe, de que el Espíritu Santo habita en nosotros. Aunque nadie obtiene la salvación por obras sino por fe, no es menos cierto que la fe sin obras está muerta.
Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras..? ¿Podrá la fe salvarle..? Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha..? Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma. Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras. Tú crees que Dios es uno; bien haces: También los demonios creen, y tiemblan. ¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras está muerta..?¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar..? ¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras? Y se cumplió la Escritura que dice: Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia, y fue llamado amigo de Dios. Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe. Asimismo también Rahab la ramera, ¿no fue justificada por obras, cuando recibió a los mensajeros y los envió por otro camino..? Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta. (Santiago 2:14-26)
Santiago nos habla de un hermano creyente que despide a otro, hambriento y desnudo, con palabras vacías de consuelo y bendición, pero sin proveerle alimento o vestido. Habla de demonios que creen en la existencia de Dios pero que no encuentran alivio en eso sino temor. Y resume: Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta.
Concluyamos brevemente sobre los ejemplos que señala Santiago:
Primero, Santiago habla del creyente que ve a su hermano cristiano en necesidad y le dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no le ofrece ni comida ni vestido.
¿Fueron sinceras estas palabras de esta persona..? Obviamente no.
Si esas palabras hubieran sido sinceras, este hombre le hubiera suministrado comida y vestido al necesitado. Pero era dolorosamente obvio que no le importaba la situación de su hermano necesitado. Sus palabras fueron una confesión vacía sin ninguna verdad interior. Igual a las palabras vacías de tantos pastores que se llenan los bolsillos con los diezmos y ofrendas de los fieles y los utiliza para saciar sus propios y egoístas deseos sin designarlos para lo que fueron destinados por Dios: para los necesitados. Así es cuando un hermano confiesa una fe pero no actúa de acuerdo a ella. Semejante tipo de fe no tiene valor. Está muerta.
Segundo, Santiago habla de que los demonios creen en Dios pero tiemblan. Estos demonios no dudan de la existencia de Dios, pero también saben que son sus impenitentes enemigos. Así que su fe no les trae consuelo sino miedo. Así, no basta con solamente tener fe intelectual sino que es necesario tener esa fe en el corazón que se expresa con sumisión y obediencia a Dios. Una fe testaruda, desobediente y rebelde, es una fe muerta. Una fe que no produce cambios internos que nos transformen desde dentro, es una fe vacía. Y nos muestra que no hemos experimentado nuestra salvación.
Para comprenderlo mejor: Obras, son cualquier cosa que un hombre pueda hacer por sí mismo para ganarse la bendición y el favor de Dios.
Bajo la ley mosaica los hombres pretendían ganarse la bendición de Dios por lo que pudieran hacer por sí mismos. Por medio de Jesucristo se ofrece a todos los hombres los favores y bendiciones de Dios gratuitos e inmerecidos. Los diezmos y ofrendas del Antiguo Pacto contrastan con el Nuevo Pacto donde nada hay que podamos hacer para recibir las bendiciones de Dios, estas son gratuitas, no se pueden comprar. El enseñar que diezmando y ofrendando se reciben bendiciones de Dios, trae el gran peligro de que los diezmos y ofrendas sustituyan a la fe. En vez de ayudar, de esta manera, lo que hace es precisamente impedir las bendiciones.
Por otro lado, aunque no recibimos la salvación por obras, éstas son la prueba de que nuestra fe es real y, también mediante éstas es que nuestra fe se desarrolla. Únicamente la fe viva y verdadera puede constituir un cristiano vivo y verdadero
Lo verdaderamente importante es entender que la fe viene primero, y después las obras. Recibimos la salvación exclusivamente por fe, no por obras.
Así, un cristiano verdadero se sentirá movido interiormente para hacer el bien a otros de manera desinteresada; su motor será siempre el amor, no la espera de una retribución.
Las ofrendas aprobadas por Dios
En la totalidad de iglesias donde los pastores manipulan la fe del creyente para lucrarse obligándolos a diezmar sin detenerse en la importancia de las motivaciones de cada persona, se les instruye para que llenen unos sobres con formatos especiales donde el feligrés deposita su contribución que es catalogada como "diezmo", "ofrenda", "contribución especial" "primicia", y varias añadiduras más. De esta manera, los pastores pueden controlar quiénes están diezmando y quiénes no. Los que diezman abundante y regularmente son recompensados con "ascensos" y privilegios especiales, con trato deferente y hasta con puestos de honor en las sillas de la iglesia. Por el otro lado, quienes no diezman pueden ser monitoreados para exhortarlos a hacerlo o para ser tenidos en cuenta a la hora de una recomendación o carta pastoral. Aunque muchos pastores de estos aseguren desde el púlpito que no es obligatoria diezmar, lo cierto es que con la técnica de los sobres con formato especial, ellos pueden saber quienes son "diezmadores fieles" y quienes no.
Por otro lado, quien ofrenda ampliamente, se sentirá movido a demostrarle al pastor cuán grande es su fidelidad y generosidad.
En cuanto a esto, el mismo Jesús nos advierte:
Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos por ellos. De lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos. Cuando, pues, hagas obras de misericordia, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. De cierto os digo que ellos ya tienen su recompensa. Pero cuando tú hagas obras de misericordia, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, de modo que tus obras de misericordia sean en secreto. Y tu padre que ve en secreto te recompensará. (Mateo 6:1-4)
Ciertamente, cualquiera que diezme cuantiosamente se verá tentado a querer ser visto por los hombres.
La manera cristiana de dar, como primera medida, debe ser un arreglo secreto, entre Dios y el creyente, sin la presión ni la fiscalización de ningún hombre.
Sabiendo que la ley prefiguraba cosas mejores que son posibles para nosotros hoy, hay que entender que el dar cristiano no es de ninguna manera una cosa mecánica y carente de todo significado espiritual. En la ley, bajo el antiguo pacto, este proceso era dispendioso y lleno de significado. Esto no ha cambiado. El ofrendar del cristiano es un asunto serio que demanda preparación, principalmente de las actitudes del corazón y secundariamente de los montos y las maneras de ofrendar. Cada uno es libre de ofrendar lo que considere pertinente después de considerar el asunto en oración. Así, igual puede ser el 10% o el 8%, o cualquier cantidad que se haya determinado privadamente en oración. Lo importante es la motivación interior, la actitud del corazón, lo que la fe y el amor nos mueva a hacer.
Teniendo esto claro, viene otra consideración de importancia.
¿A quién dar la ofrenda...?
Muchos cristianos se preguntan sinceramente si pueden usar la ofrenda para dar a personas necesitadas o se debe entregar en su totalidad a la iglesia local donde uno asiste. La respuesta no puede ser de ninguna manera concluyente. Depende de cómo lo guíe el Espíritu Santo.
Si se asiste a una iglesia donde el Espíritu Santo es el Señor, no pastor ni líder alguno, tendremos la seguridad de que se seguirá el modelo de la iglesia apostólica para ofrendar y redistribuir las ofrendas.
Como consecuencia del poder derivado del bautismo en Espíritu Santo, muchos fueron movidos sobrenaturalmente a dar todo lo que tenían, "ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común" (Hechos 4:32). De esta manera no era equivocado afirmar que: "No había, pues, ningún necesitado entre ellos, porque todos los que eran propietarios de terrenos o casas los vendían, traían el precio de lo vendido y lo ponían a los pies de los apóstoles. Y era repartido a cada uno según tenía necesidad." (Hechos 4:34-35)
Note que no había ningún necesitado ya que todo era repartido según la necesidad de cada cual. Al contrario de lo que pasa hoy en día, que los pastores suplen no solo sus necesidades básicas sino que usan esas ofrendas sagradas para vivir de manera ostentosa sin preocuparse de las necesidades de las ovejas que cuida, en la iglesia apostólica todos tenían sus necesidades cubiertas.
Por supuesto, este modelo nos plantea evidentes inconvenientes. En primer lugar, los apóstoles no existen ya y respetuosamente dudo de quien se autoproclama como apóstol alegando un nombramiento directo por Cristo o por medio de la sucesión apostólica. En segundo lugar, en las iglesias "cristianas" de hoy sí se insta a que el creyente dé todo lo que tiene; sin embargo, una vez éste lo hace, el pastor no lo reparte entre todos para que no haya ningún necesitado, sino que dispone de la ofrenda según a él le parece, siendo el destino de ésta, la mayoría de las veces, el cubrir sus propias necesidades o el comprar edificios, instrumentos musicales y otras cosas que, sin importar lo que digan las leyes de cada país, son de administración exclusiva del "representante legal" de la denominación, quien no es otro que el pastor general.
Pablo nos habla claramente de la forma de recoger las ofrendas y del destino que se le daba:
En cuanto a la ofrenda para los santos, haced vosotros también de la misma manera que ordené a las iglesias de Galacia. El primer día de la semana, cada uno de vosotros guarde algo en su casa, atesorando en proporción a cómo esté prosperando, para que cuando yo llegue no haya entonces que levantar ofrendas. Cuando yo esté allí, enviaré a los que vosotros aprobéis por cartas, para llevar vuestro donativo a Jerusalén. (1 Corintios 16:1-3)
Pablo, quien siempre se glorió de vivir de su trabajo como artesano de carpas, y de no ser una carga para nadie, le escribía a los corintios diciendo que el primer día de la semana guardaran "algo en su casa", de acuerdo a "cómo esté prosperando". Pablo no da una cifra exacta ni tampoco dice que se le entregue a los "ancianos" o "pastores" de las iglesias locales. Y deja muy claro que estas ofrendas están destinadas a los santos pobres de Jerusalén. Los santos no eran los apóstoles solamente, sino que todos los creyentes eran llamados "santos". Es de enfatizar que el destino de tales ofrendas era para suplir las necesidades de los necesitados, no para dar a quien no tuviera necesidad.
Las ofrendas para los santos pobres de Jerusalén cumplían varios objetivos: por un lado obviamente suplía las necesidades de los pobres argumentando que era apropiado que los cristianos gentiles les ministraran con bienes materiales ya que los judíos cristianos habían ministrado con bienes espirituales siendo el conducto de la bendición por Cristo. Por otro lado, Pablo, después de haberles causado tantos males a estos cristianos de Jerusalén, ahora se complacía en recoger limosnas para ellos. También servía para que se ejerciera el amor cristiano entre todos. Pero la razón más importante era que Pablo estaba buscando cerrar la brecha entre cristianos gentiles y judíos. Cuando Pablo llegó por fin a Jerusalén, llevando las ofrendas de los cristianos gentiles, y contando las maravillas que Dios estaba obrando en las naciones, sus hermanos judíos lo recibieron con gozo. (Hechos 21:17.21) En todas sus cartas es notoria la preocupación de Pablo por mostrar transparencia en el manejo de estas ofrendas.
¿La iglesia debe sostener a los "pastores" o "líderes" de la iglesia..?
La pregunta es ¿existe una indicación bíblica para que la iglesia sostenga económicamente a los "pastores" o "líderes" de la iglesia...?
Lamentablemente para muchos, no hay indicio de ello.
Al contrario, la exhortación de Pablo es no convertirse en carga para nadie. A pesar de que algunas veces recibió ayuda, lo hizo de manos de los más pobres para demostrar a los cristianos ricos la actitud con que debería darse. Por otro lado, en 2 Corintios 11:8-12, Pablo contrasta su actitud de predicar el evangelio gratuitamente, con la de los superapóstoles, los falsos maestros, quienes lo hacían esperando retribución económica.
Quienes apoyan una respuesta afirmativa, citan 1 Timoteo 5:17-18
Los presbíteros que presiden bien merecen un doble honor, sobre todo los que se esfuerzan en la predicación y en la enseñanza. Pues dice la Escritura: "No pondrás bozal al buey que trilla", y "el obrero merece su salario".
Con el falso argumento de que "presbiteros" significa "pastores", muchos líderes religiosos reclaman para sí como obligación el que la iglesia los mantenga económicamente.
Como primera medida, la palabra "presbíteros" no significa pastor (que es Poimén), sino "anciano", "hombre mayor edad". Y esto concuerda con el sentido amplio de las Escrituras.
Si observamos bien el pasaje, notamos que Pablo dice que los ancianos sean tenidos en doble honra, y "mayormente los que trabajan en predicar y enseñar", mostrando con esto que pudieron haber ancianos que no trabajaban en predicar y enseñar, asunto que desmonta totalmente la teoría de que los llamados "ancianos" eran los que hoy se conocen como "pastores". Para no alargarnos en este tema, quienes deseen saber quiénes eran y qué hacían los ancianos en la iglesia apostólica pueden ver el estudio de "¿Tienen los pastores autoridad espiritual sobre la grey..?" publicado en este sitio. Allí encontrarán evidencia bíblica de que los "ancianos" (presbíteros) eran precisamente eso: "personas de mayor edad" a quienes acudían los nuevos cristianos en busca de dirección, consejo y guía.
Según vemos en el contexto de 1 Timoteo 5, la iglesia debía mantener a las viudas mayores que no podían trabajar y que no tenían medio de sustento ni familiares que la sostuvieran. También se debía sostener a los ancianos que cumplieran estos requisitos, mayormente si estos trabajaban en predicar y enseñar; esto significaba "doble" honor.
El término griego "Poimén" que significa "pastor", es utilizado muy pocas veces en el Nuevo Testamento. Aparte de las menciones hechas por Jesús a sí mismo, como el Buen Pastor, encontramos esta palabra una vez en Efesios 4:11; una vez en Hebreos 13:20 (refiriéndose a Cristo), En 1 Pedro 2:25 (citando a Isaías en referencia a Cristo) y de nuevo en 1 Pedro 5:4 (archipoimén), texto que también se refiere a nuestro Señor Jesucristo.
Los "pastores" que se autonombran así, o quienes han sido designados por otros "pastores" para erigirse como gobernantes del rebaño de Cristo, usurpando el derecho del Señor, son calificados por Jesús como impostores que de ninguna manera son dueños de las ovejas. El único dueño de las ovejas es Cristo Jesús, nadie más. Otros hombres, como se lo ordenó a Pedro, pueden apacentarlas, pero no son más que meros "asalariados" que pueden huir cuando se aproxima el devorador. Cristo es el único que da la vida por sus ovejas, por eso es el Pastor Supremo:
"De cierto, de cierto os digo: El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ése es ladrón y salteador. Mas el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es. A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre, y las saca. Y cuando ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. Mas al extraño no seguirán, sino huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños." Esta alegoría les dijo Jesús; pero ellos no entendieron qué era lo que les decía. Volvió, pues, Jesús a decirles: "De cierto, de cierto os digo: Yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que antes de mí vinieron, ladrones son y salteadores; pero no los oyeron las ovejas. Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos. El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas. Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa. Así que el asalariado huye, porque es asalariado, y no le importan las ovejas. Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen, así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas. También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor. Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre." Volvió a haber disensión entre los judíos por estas palabras. Muchos de ellos decían: Demonio tiene, y está fuera de sí; ¿por qué le oís? Decían otros: Estas palabras no son de endemoniado. ¿Puede acaso el demonio abrir los ojos de los ciegos? Celebrábase en Jerusalén la fiesta de la dedicación. Era invierno, y Jesús andaba en el templo por el pórtico de Salomón. Y le rodearon los judíos y le dijeron: ¿Hasta cuándo nos turbarás el alma? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente. Jesús les respondió: "Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ellas dan testimonio de mí; pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho. Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre."
No hay duda de que muchos siervos de Dios quieren imitar al Gran Pastor, Jesucristo, ministrando a los nuevos creyentes y discipulándolos amorosamente hasta llevarlos a la altura de Cristo. Pero hay muchísimos más que fueron profetizados por Ezequiel:
Así ha dicho Jehová el Señor: ¡Ay de los pastores de Israel, que se apacientan a sí mismos! ¿No apacientan los pastores a los rebaños? Coméis la grosura, y os vestís de la lana; la engordada degolláis, mas no apacentáis a las ovejas. No fortalecisteis las débiles, ni curasteis la enferma; no vendasteis la perniquebrada, no volvisteis al redil la descarriada, ni buscasteis la perdida, sino que os habéis enseñoreado de ellas con dureza y con violencia. Yo salvaré a mis ovejas, y nunca más serán para rapiña; (Ezequiel 34:1-4,22)
Aquí, el profeta habla acerca de los "pastores" que se lucran de las ovejas de Cristo sin importarles las necesidades de ellas; antes bien, se han enseñoreado sobre ellas con dureza y con violencia. Dios promete rescatarlas para que nunca más sean rapiña de estos infames. Pero dependerá de cada oveja si quiere seguir siendo objeto de rapiña, esclavizada y débil o, por el contrario, quiere seguir la voz del Buen Pastor, Cristo Jesús.
Alrededor del mundo, están surgiendo personas que abandonan las denominaciones religiosas a las que han estado afiliados, porque no reconocen la voz del Buen Pastor en los lugares donde asisten. No encuentran refrigerio, consuelo ni descanso para sus atribuladas vidas sino que, en cambio, solamente escuchan un ensordecedor llamado a la sumisión a hombres. Claramente esa voz de estos "asalariados", no sintoniza con la instrucción que Jesús dio a sus discípulos cuando dijo:
Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Mas entre vosotros no será así, (Mateo 20: 25-26)
Así que, una pregunta que pondrá en aprietos a cualquier líder religioso, será esta: "¿Con qué autoridad haces estas cosas..?" Fue la pregunta que le hicieron a Jesús quien obviamente sí tenía autoridad para hacer lo que hizo. Dudo muchísimo que los líderes religiosos modernos puedan contestar satisfactoriamente a esta interrogación.
Otro texto en que se apoyan quienes pretenden vivir de la iglesia esgrimiendo su "autoridad pastoral", es el de Lucas 10:4, pasaje donde vemos a Jesús enviando a los setenta a predicar el evangelio (También Mateo 10 contiene instrucciones similares dadas a los 12) y diciéndoles que no lleven provisión ya que Dios los suplirá mediante la hospitalidad de los creyentes. Es cierto que dice: "el obrero es digno de su salario" pero no es menos cierto que Jesús insta a confiar en Dios para que esas necesidades sean suplidas sin que los obreros del evangelio sientan que sea una obligación de los hermanos creyentes el sostenerlos.
Por otro lado, este texto nos habla a todos los cristianos, no a una clase particular sacerdotal. Teniendo en cuenta que todos somos sacerdotes y que todos tenemos la obligación de predicar el evangelio de Cristo, ¿debe la iglesia mantenernos económicamente..? La respuesta es no. El mismo principio que se aplica a lo largo y ancho del Nuevo Testamento, debe ser aplicado aquí: Las ofrendas deben destinarse solamente a quienes realmente tengan necesidad de ellas, no a quien no quiera trabajar bajo pretexto de estar predicando el evangelio.
El mayor ejemplo de esto nos lo da el apóstol Pablo. En su Primera Carta a los Corintios, capítulo 9, vemos que Pablo menciona que su oficio apostólico le daba ciertos privilegios (no por el hecho de tener título de apóstol sino por su trabajo fundando la iglesia de Cristo, lo que por obvias razones le impedía tener un empleo fijo), entre los cuales estaba el que la iglesia le solventara todas sus necesidades.
Con todo el derecho de vivir de la iglesia, Pablo renunció a ese privilegio por el bien de la iglesia misma y del evangelio de Cristo. Aún a pesar de que Pablo podía legítimamente solicitar manutención de las iglesias que él fundo, jamás lo hizo y antes bien prefirió trabajar con sus manos haciendo tiendas "para no poner ningún obstáculo al evangelio de Cristo" (1 Corintios 9:12). Pablo dice correctamente que Cristo ordenó que quienes anuncian el evangelio, vivan del evangelio, refiriéndose a la misión de los doce y de los setenta, pero también dice que él no se ha aprovechado de este privilegio:
Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio! ¿Cuál, pues, es mi galardón? Que predicando el evangelio, presente gratuitamente el evangelio de Cristo, para no abusar de mi derecho en el evangelio. (1 Corintios 9:16,18)
La mayor gratificación para Pablo era predicar gratuitamente el evangelio de Cristo.
Al comparar Jesús a quienes ocupan su tiempo en la evangelización con los jornaleros del campo, se estaba refiriendo a la ley mosaica que obligaba al empleador pagar diariamente el trabajo del jornalero teniendo en cuenta que era pobre y dependía totalmente de su trabajo para sostenerse él y su familia. Era aberrante el que el patrón guardara el pago hasta el día siguiente y se hacía merecedor de un severo castigo si así lo hiciere.
Lo que nos muestra la Escritura al respecto, es que la iglesia reunida debe considerar quiénes están necesitados de apoyo económico. Como vimos, la preponderancia la tienen las viudas ancianas que no tienen a nadie ni medios de sustento, los huérfanos, a los ancianos que tampoco tengan medios de subsistencia y "mayormente los que trabajan en predicar y enseñar", o sea ancianos pobres que además se ocupen en el servicio a los demás miembros de la iglesia; y, en general, la iglesia es exhortada a ayudar económicamente a quien tenga necesidad de ser ayudado, no a quien no quiera trabajar. Pablo es muy claro en esto:
Pero os rogamos, hermanos, que abundéis en ello más y más; y que procuréis tener tranquilidad, y ocuparos en vuestros negocios, y trabajar con vuestras manos de la manera que os hemos mandado. (1 Tesalonicenses 4:10-11)
¿Alguna duda...?
Para recalcarlo tenemos un texto clarísimo donde Pablo exhorta a los creyentes que pretenden vivir cómodamente a costa del evangelio:
Porque vosotros mismos sabéis de qué manera debéis imitarnos; pues nosotros no anduvimos desordenadamente entre vosotros, ni comimos de balde el pan de nadie, sino que trabajamos con afán y fatiga día y noche, para no ser gravosos a ninguno de vosotros; no porque no tuviésemos derecho, sino por daros nosotros mismos un ejemplo para que nos imitaseis. Porque también cuando estábamos con vosotros, os ordenábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma. Porque oímos que algunos de entre vosotros andan desordenadamente, no trabajando en nada, sino entremetiéndose en lo ajeno. A los tales mandamos y exhortamos por nuestro Señor Jesucristo, que trabajando sosegadamente, coman su propio pan Y vosotros, hermanos, no os canséis de hacer bien. Si alguno no obedece a lo que decimos por medio de esta carta, a ése señaladlo, y no os juntéis con él, para que se avergüence. (2 Tesalonicenses 3:7-14)
En resumen, podemos afirmar lo siguiente:
1. El dar diezmo y ofrendas no pueden obligar a Dios a que nos bendiga. No es posible chantajear a Dios.
2. Los cristianos no estamos obligados a dar diezmos.
3. Los cristianos podemos dar ofrendas, esto es agradable a Dios siempre y cuando consideremos este asunto privadamente con Él, sin pretender gloriarnos ante los hombres y sin esperar "recompensa", sin hacerlo por necesidad ni con tristeza. Dios ama al dador alegre.
4. Nadie puede reclamar en derecho que la iglesia esté obligada a sostenerlo a él y a su familia arguyendo que está ocupado predicando el evangelio.
5. La Biblia apoya el que sostenga a quienes realmente tengan necesidad y carezcan de medios de subsistencia.
6. La Biblia es clara al afirmar que nadie que pueda trabajar debe constituirse en carga para la iglesia. Pablo es enfático en afirmar que "el que no trabaje, que no coma".
7. La Escritura no es tajante sobre a quién debe entregarse la ofrenda. Sin embargo nos da pautas para dejarnos guiar por el Espíritu Santo en oración. No es cierto que las ofrendas deban ser entregadas a los líderes de la iglesia. Sin embargo, cuando una iglesia es sana y permite la dirección del Espíritu Santo, la iglesia –en conjunto-, siguiendo la dirección del Espíritu Santo, bien puede nombrar a algunos hombres probados para que administren bajo su guía el destino de las ofrendas, cuidándose de rendir cuentas claras a la congregación.
Para concluir, con toda la prueba escritural que habla en contra de las personas que pretenden vivir del evangelio convirtiéndose en una carga para la iglesia, los cristianos somos libres de decidir si honramos con nuestras ofrendas a hombres dedicados al evangelio, ejemplo a la grey, que se esfuerzan por rendir un servicio sagrado a la iglesia universal de Cristo. Conozco a muchos siervos dedicados que ministran en denominaciones de Asambleas de Dios, y en la Misión Carismática Internacional, que no reciben ayuda económica alguna porque todavía no son "pastores" y, por tanto, no tienen "derecho" a tal ayuda. Ellos trabajan diariamente barriendo, limpiando baños, arreglando sillas, adecuando el sonido, visitando enfermos, alentando a los nuevos y, en general, haciendo lo que creen correcto, y tristemente no reciben muestras de misericordia ni aprecio por su trabajo. En contraste, los "pastores" que están sobre ellos, "enseñoreándose" de la grey, viven cómodamente sin trabajar, se pasan la mayor parte de su tiempo viendo programas de televisión, durmiendo en sus casas, viajando por otros lugares con el dinero de la iglesia so pretexto de evangelizar, hospedándose en hoteles costosos, divirtiéndose con sus familias y gastándose impropiamente el dinero que debería ser utilizado para ayudar a los necesitados de la iglesia.
Estos "pastores", después de suplir sus propias necesidades, colocan en segundo lugar de prioridades la compra de sillas, la adquisición de equipos, la construcción de templos, los "viajes misionales" y otras cosas superfluas, ignorando que, al igual que con la ley mosaica, el propósito supremo de las ofrendas es mostrar amor y misericordia por el necesitado.
Porque es en esto que probamos amar a Dios.
Dios los bendiga.
Ricardo Puentes M.
Abril de 2007
lunes, 10 de diciembre de 2007
PASTORES DE LAS OVEJAS DE CRISTO
¿autorizados por Dios...?
Si cierto hombre llega a tener cien ovejas y
una de ellas se descarría, ¿no dejará las
noventa y nueve sobre las montañas y
emprenderá una búsqueda por la que anda descarriada?
Y si sucede que la halla, de seguro les digo,
se regocija más por ella que por las noventa y nueve
que no se han descarriado.
(Mateo 18 12, 13).
Después de haber enviado mi carta a César Castellanos, líder del G12, explicándole los motivos de mi renuncia a ese movimiento religioso, fui llamado telefónicamente por algunos "líderes" y "pastores" para que me retractara y solicitara su perdón. Esto, con el fin de evitar que las maldiciones lanzadas por Castellanos y tres de sus pastores me alcanzaran a mí y a mi familia. No niego que sentí muchísimo temor porque hasta entonces yo estaba convencido de la efectividad de las maldiciones aún si éstas estaban dirigidas contra hombres que preferían obedecer al Señor que a otros hombres. Mi temor se acrecentó cuando el G12 se comunicó con Eduardo Cañas y su hija (gerente del emporio financiero de esa organización religiosa) para advertirle sobre mí. Después de esa conversación, en Manantial de Vida Eterna, la denominación de Asambleas de Dios a donde recién habíamos llegado, fuimos tratados con tanto desprecio y desdén que mi esposa y yo nos llegamos a preguntar si de verdad Dios existiría, y si todo aquello no sería más que una farsa universal muy bien montada para engañar a quienes buscaban a Dios, a sabiendas de que Él, en verdad, no existía.
Nuestra desesperación era tan profunda y terrible que llegamos a considerar seriamente que la vida no valía la pena y que, junto a nuestros tres pequeños hijos, estaríamos mejor muertos que viviendo en este sistema engañoso, corrupto y cruel que abarcaba todas las iglesias cristianas.
Deseoso de aprender sobre Dios, no me había contentado con lo que me enseñaban en el G12 ni con lo aprendido varios años antes en los Testigos de Jehová, sino que de manera personal inicié un estudio bíblico que me llevó a cuestionar muchos temas "tabúes", considerados como dogmas por las denominaciones cristianas; entre estos estaban, especialmente, el asunto del diezmo y la autoridad espiritual humana, es decir, la existencia de una especie de clero entre las iglesias cristianas al que debían obedecer y sujetarse el resto de creyentes.
Miguel Rosell, un hombre valioso a quien le estaré agradecido siempre pero con quien –no obstante- difiero en estos asuntos de la autoridad espiritual humana y el diezmo, prácticamente me salvó de cometer una locura. Desde España, Rosell me animó a seguir considerando la bendita Palabra de Dios como mi guía y me explicó plausiblemente los verdaderos alcances del G12 y de todo eso que llamamos "evangelio de la prosperidad". Sin embargo, muy preocupado por mi falta de "cobertura espiritual", me urgió a buscar con rapidez una iglesia de "sana doctrina", donde se enseñara el "evangelio completo". Era posible –me dio a entender- que las maldiciones de Castellanos y los Cañas me llegaran a alcanzar si no había un pastor que me "cubriera" con su manto protector, con su cobertura espiritual que me resguardaría de que las maldiciones de aquellos poderosos y prósperos pastores me alcanzaran.
De esto fue hace ya un año. Llegué a una iglesia, "Vida para las Naciones" de Asambleas de Dios, pastoreada por un hombre joven y aparentemente espiritual, que ejercía su "cobertura" sobre un precioso grupo de personas –alrededor de 20- a quienes pronto les tomé bastante aprecio.
Sin embargo, en muy poco tiempo empecé a darme cuenta de que algo no andaba bien en esta iglesia. El pastor invitaba constantemente a "predicadores de la prosperidad" que eran –al mismo tiempo- líderes importantísimos dentro del tinglado de Asambleas de Dios; también invitaba "profetizas", pronosticadores de sucesos cuyas profecías nunca se cumplieron para la gran mayoría de estos sufridos creyentes. Durante los seis meses que duré allí, mi situación económica no mejoró, pero mi fe se fue haciendo cada vez más y más fuerte debido a mi estudio personal de las Escrituras y a la comprobación personal de las promesas del Señor. Pero en nada de esto tenía que ver la denominación. Era realmente conmovedor ver que casi todos los fieles (que tenían graves problemas de salud, económicos, familiares o morales) acudían los domingos a la "iglesia" a cantar, llorar y clamar pidiendo a Dios por sus problemas particulares. Yo no entendía como un líder que hacía de todo en la "iglesia", desde el aseo hasta dirigir la escuela doctrinal y reemplazar innumerables veces al pastor, tenía que pasar muchos trabajos y penurias económicas porque los diezmos y ofrendas iban a las arcas de la "iglesia madre", donde el "pastor general" y el pastor local separaban sus sueldos y "comisiones", destinando otro rubro para la organización Asambleas de Dios –pagando su "cobertura espiritual"-, arriendos, servicios públicos, etc.
Recuerdo el caso de un hombre desesperado (lo llamaré "Edgar") por su situación financiera quien no veía salida para ella, que fue prácticamente estafado por un predicador, de la cúpula de Asambleas de Dios, que fue a profetizar y a vender milagros a la congregación. Este pastor se dirigió específicamente al infortunado y le dijo que Dios le mandaba decir que hoy mismo se solucionaría su angustia financiera. La única condición era que debía dar un billete de alta denominación (dijo que entre más alta la denominación, más alto el milagro), así que "Edgar" dio todo lo que tenía: lo correspondiente a dos dólares estadounidenses. Luego, el profeta-pastor-maestro y apóstol (decía que "humildemente" era todo eso), le sopló el "Espíritu Santo" a una distancia de dos metros; y "Edgar" cayó al piso como fulminado por un rayo, con un rostro resplandeciente de felicidad que le quedó después de convulsionar un poco. Luego, el "profeta" me miró y dijo que Dios le mostraba que había un hombre –cristiano- con altas capacidades para los negocios, pero que estaba pasando por un mal momento (eso era fácil de adivinar por mi ropa -créanlo), y pidió que "esa persona" pasara al frente para recibir la bendición. Yo estaba sumamente indignado de lo que veía –hombres y mujeres tirados en el piso, venta de milagros a cambio de billetes- y no me moví un ápice a pesar de que mis sinceros hermanos me hacían gestos para que pasara al frente a "reclamar" mi bendición. Finalmente, el "profeta-pastor-maestro-apóstol" le fue agregando pronunciamientos a lo que "el Espíritu le estaba mostrando". Dijo que Dios le decía que tal hermano había hecho un mal negocio recientemente (yo no había hecho ningún negocio, ni bueno ni malo, la verdad sea dicha). Una mujer se levantó y dijo que esa palabra era para ella. El "pastor" dijo que Dios le mostraba que ese hombre era el esposo de ella. La mujer negó con la cabeza y dijo que no tenía esposo. Entonces, el iluminado "profeta" dijo que debía ser alguien de la familia, un hijo o un hermano de sangre. Ella dijo que no era de su familia. Entonces, el "espíritu" le "mostró" a este profeta, que si no era el esposo ni un familiar de sangre, debería ser alguien muy cercano a ella. Por fin, la mujer asintió feliz de la "revelación". Entonces, el "profeta" le dijo que ese hombre era un fiel cristiano pero estaba pasando por un mal momento (por favor...!) y que Dios le mandaba decir que hiciera su ofrenda y el milagro se produciría. A lo que la mujer respondió que tal persona ni siquiera era cristiana, sólo que ella había "sentido" que el mensaje era para ella. El hábil "profeta-pastor-maestro y apóstol", corroboró que el mensaje era para esa persona no creyente. Le vaticinó que el milagro ocurriría, obviamente a cambio de la correspondiente "siembra", que algún día se volvería creyente, y pasó al siguiente incauto sin más explicaciones.
Yo estaba realmente horrorizado. Todas las personas le creyeron a este tunante y ese día ofrendaron copiosamente para comprar su milagro. Pasados dos o tres días de ese culto dominical, hablé con el pastor y le expuse mi indignación. La respuesta de este joven pastor fue: "pues, de pronto me equivoqué trayendo a este profeta... yo nunca lo había visto en este plan.. ¡pero la gente salió muy contenta...!". Meses después me enteraría de que, a pesar de que el pastor me hallaba la razón, esa era una técnica usada por Asambleas de Dios para "ganar" almas para Cristo. Fingir estar de acuerdo con un argumento bíblico, sin estarlo, en realidad es una técnica mucho más antigua, inventada por los Jesuitas, como una manera de simpatizar con las personas y, poco a poco, convertirlos en fieles borregos.
A "Edgar", quien compró su milagro con escasos dos dólares, no se le cumplió ese "pacto" que había hecho. Fue estafado. Regresó muy angustiado el siguiente miércoles –los miércoles son allí "día de milagros"- para que el pastor le explicara qué era lo que sucedía en su vida. No entendía nada. Al final del culto yo me acerqué de nuevo al pastor y le solicité su permiso para ayudarle a "Edgar" a encontrar las respuestas que tanto buscaba, le dije al pastor que si él se oponía yo no tendría más remedio que pasar por alto su "autoridad" y –de manera informal- instruir a "Edgar" en la doctrina bíblica. El pastor se molestó mucho y dijo que "Edgar" era un hombre de cuidado, contencioso y problemático y que era mejor que me cuidara de él. Por supuesto, hice poco caso de sus recomendaciones y decidí hablar con "Edgar" el sábado siguiente. Lamentablemente jamás regresó. Dicen que lo han visto vendiendo cosas en las calles, casi harapiento y sucio. Dios me perdone por no haberle hablado el mismo día en que compró su milagro.
Mis cuestionamientos se fueron haciendo cada vez más insoportables para el pastor. Yo nunca desaprovechaba ocasión para –de manera respetuosa- controvertir o "ampliar" las enseñanzas del pastor sobre la "prosperidad", la autoridad espiritual humana, el diezmo, el "reclamar" a Dios de manera autoritaria por nuestro milagro, como si lo hubiéramos ganado por nuestros méritos, y otras cosas más que omito y con las cuales llenaríamos muchas páginas.
El golpe final para el pastor –ya lo he contado en algunas ocasiones- fue cuando su "mano derecha", su "líder principal", un joven atribulado por su conciencia (a quien el pastor le aconsejaba acallar colocándose la "máscara de payaso" mientras oraba en público o dirigía los cultos), acudió a mí solicitando ver cuáles eran las famosas doctrinas fundamentales del cristianismo sobre las cuáles yo les insistía una y otra vez a ellos para que fueran enseñadas a la iglesia. Días antes, yo había notado que este muchacho estaba sumamente deprimido y cada vez que le preguntaba qué le sucedía, al joven se le anegaban los ojos de lágrimas pero no soltaba palabra. El pastor le había prohibido que buscara consejo en mí –soy un hombre maduro- ya que eso significaría socavar los niveles de autoridad "implantados por Dios" en la iglesia. El líder era él –le decía el pastor- no un simple "aparecido" como yo. Además, estaba el hecho de que este brillante joven era un aventajado alumno del Seminario Bíblico de Asambleas de Dios a donde solamente accedían unos pocos privilegiados que tenían el "llamado" a uno de los famosos "ministerios" (apóstol, maestro, profeta, evangelista, pastor) con los cuáles estos hombres perversos intentan dar sustento a su autoridad terrenal, amén –claro está- de la necesaria recomendación del pastor para ser aceptado en el Seminario. De esta manera, este joven se veía a sí mismo como espiritualmente superior a un "aparecido" como yo y consideraba una verdadera aberración espiritual el acudir a mí en busca de consejo. Y, valga la aclaración, este joven no se acercó a mí debido a una especie de unción que yo desplegara, o un halo misterioso y sobrenatural. Yo ni siquiera tenía "autoridad" espiritual ya que mi situación financiera era sumamente precaria y jamás había pisado un Seminario Bíblico evangélico, no me codeaba con los grandes pastores ni los llamaba por su nombre de pila y, la verdad sea dicha, esto tampoco me importaba. El joven veía autoridad, no en mí sino en los textos bíblicos que yo mencionaba. Cada vez que yo leía un pasaje bíblico que desautorizaba la doctrina de Asambleas de Dios, este joven sentía como puñales en su corazón, sentía rabia (como el "crujir de dientes") y fastidio hacia mí y lo que yo decía pero no tenía manera alguna de refutar escrituralmente. Lo mismo cuando yo cuestionaba las enseñanzas de "hombres y mujeres de Dios" como Marcos Witt, Benny Hinn, Cash Luna, César Castellanos, Ricardo Rodríguez, K. Kultmanh, Billy Graham, Juan Pablo II y varios más.
Después de un culto dominical, el joven "líder" se acercó a mí y me dijo que quería ver cuáles eran esas doctrinas registradas en Hebreos 6. Inmediatamente, las consideramos. Desde los primeros minutos vi un verdadero milagro ante mis ojos. Dios me concedió el privilegio de observar cómo actuaba en este corazón ansioso de conocerlo. Cada texto, cada pasaje leído era una revelación grandiosa para este muchacho experto en teología, alta crítica, apologética, escatología y demás filosofías de hombres. Este joven entendió, como Pablo, que todo lo que había aprendido no era más que un montón de basura. Y nació de nuevo. Sus lágrimas eran esta vez de agradecimiento hacia Dios.
Dichoso de este nuevo nacimiento, el joven acudió donde el pastor para manifestarle cómo Dios se le había revelado en las Escrituras y le suplicó que estableciera esta enseñanza bíblica en la iglesia, seguro de que ayudaría en la edificación de todos y cada uno de los asistentes. El pastor, era de esperarse, le dio su negativa y le dijo que esas doctrinas de Hebreos 6, eran doctrinas de demonios. No solamente recriminó al joven por haber acudido a mí, sino que me envió razón con él de que no volviera jamás a pisar "su iglesia" ni a hablar con "sus ovejas". Yo le dije que de mi iniciativa jamás buscaría a ninguna de "sus ovejas", pero que si éstas me buscaban procurando ayuda, yo no podría negarme. Antes de hacer esta promesa, aproveché el tiempo y visité –por propia iniciativa- a una hermana a quien aprecio y considero de manera muy especial.
De lo más aberrante que hube de ver en esta iglesia de Asambleas de Dios, fue que mientras esta querida hermana, que adolece de cáncer, perdía su casa por no poder pagar las cuotas al banco, el pastor realizaba una colecta –no para ayudarla- sino para comprar instrumentos musicales para "adorar al Señor". La colecta fue un éxito. Tanto, que le expresé mi inquietud al pastor sobre esta querida hermana –viuda- y sus necesidades. La respuesta del pastor fue: "ella tiene su propia carga y debe llevarla sola", argumentando que esa situación era una prueba del Señor para evaluar la fe de ella.
Este razonamiento perverso me había llevado a demostrarle bíblicamente que las ofrendas (por cuanto los diezmos no son obligatorios para los cristianos) debían destinarse a las necesidades de la iglesia, es decir, de las personas que la conformaban, no a la compra de instrumentos musicales o ni siquiera para que el pastor recibiera un salario. Bíblicamente, las personas capacitadas están obligadas a trabajar para mantenerse y solamente los verdaderamente necesitados deben recibir ayuda de los hermanos. Le dije que Dios no necesitaba de instrumentos musicales nuevos y costosos –ni siquiera de edificios- para que le diéramos adoración. La adoración acepta por Dios de parte de los nacidos de nuevo, –le dije- era ayudar al necesitado, nada más. Una manera de demostrar nuestro amor a Dios, es amando a nuestro prójimo -¿de qué otra manera, si no..?-. El pastor que recriminó amablemente y me dijo que esa era la manera de hacer las cosas de Asambleas de Dios y que si no me parecía, bien podía irme a otra iglesia. Sin embargo –me dijo él- el "Espíritu le estaba mostrando" que mi problema real era el pecado de rebeldía, que Dios respaldaba plenamente a sus pastores –fueran buenos o "malos"- y que cuestionar a los pastores era lo mismo que cuestionar a Dios. Para ese momento, yo sabía perfectamente que tal aseveración no tiene sustento neotestamentario pero no le respondí nada.
Antes de que él me prohibiera visitar a "sus ovejas" y hablarles de la Biblia, el joven ex líder y yo fuimos a hablar con esta hermana que sufre de cáncer y que había perdido su casa. Nos enteramos de que estaba saliendo a altas horas de la noche a vender arepas en la calle –a pesar de su delicada enfermedad- y nos ofrecimos a ayudarle en ese punto. También nos ofrecimos a considerar con ella las doctrinas bíblicas fundamentales a sabiendas de que solamente mediante la bendita Palabra de Dios, escuchada y obedecida, ella obtendría verdaderos milagros. Sin tener que pagar con dinero por ellos. Quedamos en vernos al día siguiente.
Pero nunca más nos volvió a abrir la puerta. Muy asustada por lo que habíamos dicho (que Dios no aprobaba la indolencia de los hermanos hacia ella, y que Dios la prefería a ella que a instrumentos musicales nuevos) acudió al pastor para preguntarle qué debía hacer. Y la respuesta del pastor fue tajante y contundente: lo que yo enseñaba era doctrina del diablo, así que recibirme a mí era como recibir al mismísimo Satanás. A veces me encuentro con una hermana carnal de ella que me saluda rápidamente, de lejos, y se aleja presurosa. La hermana sigue con su cáncer, sin casa, sin trabajo... pero la iglesia tiene equipos nuevos, el pastor acaba de remodelar totalmente su casa, de comprar electrodomésticos nuevos y espera pronto conseguir un automóvil para poder "servir" mejor al Señor. La "iglesia madre", que también se llama "Vida para las Naciones" también ha sido "bendecida" con muchas cosas materiales, sede propia, instrumentos musicales, "ministerios" prósperos, familia pastoral "próspera"; ya empezó a "enviar gente a las naciones", específicamente a Indonesia. Precisamente, este fue otro asunto que me impactó terriblemente. Una creyente de la iglesia "madre", con "llamado misional" (¿será ese otro "ministerio"..? ¿en qué se diferencia del apóstol..?) fue a nuestra "iglesia hija" vestida a la usanza de Indonesia , con ropas muy bellas, y solicitó apoyo financiero para su ministerio. Nos colocó un video donde se mostraba la necesidad espiritual de allí, que existe aunque hay varias iglesias cristianas en ese país, y nos dio una clase sobre la cultura espiritual de ese país. Para hacer gráfica la demostración, se postró hacia el Oriente, hacia La Meca, e hizo alguna oración musulmana en el idioma de Indonesia que francamente no entendí. Estoy seguro de la buena fe de esta hermana misionera. Pero llevar a cabo una oración a Alá, para mostrar cómo se hace, no dejó de ser un asunto sumamente inquietante. Jamás supe de profetas o apóstoles que hicieran rituales paganos para "mostrar" a los creyentes cómo era el asunto de la idolatría.
¿Qué ha pasado con el joven ex líder que prefirió obedecer a Dios antes que a los hombres..?
Él fue llamado varias veces por el pastor y por el pastor del pastor –es decir, por el pastor de la "iglesia madre"- para que reconsiderara su camino y no fuera desagradecido con los pastores; le hicieron sentir que les "debía algo" a ellos y a Asambleas de Dios, recurrieron al chantaje moral y financiero (le prometieron remuneración y un pronto ascenso en la jerarquía "espiritual", además de mencionarle que aún debía el valor del semestre en el Seminario Bíblico) pero el joven no transigió. Hoy en día está trabajando y dejó de esperar ser mantenido por la iglesia. Actualmente ayuda a su familia en el conocimiento de la Palabra y cada día avanza en procura de la perfección –como también lo hacemos muchos- con la certeza de su salvación.
En esta iglesia "Vida para las naciones", el joven pastor advierte a "sus" ovejas de tener contacto conmigo. Les dice que la prueba irrefutable de mi "rebeldía" es que no me acomodé en el G12 ni en Manantial de Vida Eterna. No menciona que esos pastores "cristianos" me maldijeron a mí, a mi esposa y a mis tres pequeños hijos. Dice que yo estoy formando una iglesia "nueva" -lo cual es falso- ya que busco ser pastor porque eso me ayudaría financieramente –cosa también falsa. Este pastor también miente al asegurar que yo me he dedicado a visitar a "sus" ovejas para convencerlas de que me sigan a mí y no a él. Miente al afirmar que yo me dediqué a seducir con engaños al joven líder con el objeto de que me ayudara en la formación de la nueva iglesia y asusta a sus oyentes con historias trágicas de terribles maldiciones que han caído sobre personas que se han "atrevido" a abandonar a sus pastores por escuchar otras voces ajenas.
Por supuesto, el camino no ha sido sencillo. Hay que aprender a soportar acusaciones, amenazas, maldiciones y señalamientos de ser vasallos de Satanás, que provienen mayormente de "líderes", "pastores" y demás rangos jerárquicos que sienten amenazada su propia autoridad acusándonos de ser "rebeldes", "illuminati", "masones", "satanistas", "anarquistas", "libertinos" y muchas cosas más debido precisamente a que reconocemos a Cristo como nuestro único Cabeza espiritual. Nos queda el consuelo de que a Jesús lo acusaron de cosas parecidas y de que nuestro Señor nos advirtió que lo mismo sucedería a quienes lo siguieran.
En el siguiente artículo analizaremos bíblicamente, y más directamente que en artículos anteriores, si en verdad Dios aprueba a pastores –"buenos" o "malos"- que se yerguen sobre el resto del rebaño colocándose en una posición superior al resto de creyentes y oficiando como intermediarios entre Dios y los hombres, llamándose "pastores", "ancianos", "profetas", "maestros", "evangelistas", "líderes", "padres", etc. Veremos si tiene sustento bíblico su reclamo al derecho de ser mantenidos económicamente por la iglesia y nos sorprenderemos por la manera en que Dios se refiere a estos hombres que, sinceros o no, usurpan el papel de nuestro único Pastor, Maestro y Salvador, Jesucristo.
Dios los bendiga.
Ricardo Puentes M.
Julio de 2007
Si cierto hombre llega a tener cien ovejas y
una de ellas se descarría, ¿no dejará las
noventa y nueve sobre las montañas y
emprenderá una búsqueda por la que anda descarriada?
Y si sucede que la halla, de seguro les digo,
se regocija más por ella que por las noventa y nueve
que no se han descarriado.
(Mateo 18 12, 13).
Después de haber enviado mi carta a César Castellanos, líder del G12, explicándole los motivos de mi renuncia a ese movimiento religioso, fui llamado telefónicamente por algunos "líderes" y "pastores" para que me retractara y solicitara su perdón. Esto, con el fin de evitar que las maldiciones lanzadas por Castellanos y tres de sus pastores me alcanzaran a mí y a mi familia. No niego que sentí muchísimo temor porque hasta entonces yo estaba convencido de la efectividad de las maldiciones aún si éstas estaban dirigidas contra hombres que preferían obedecer al Señor que a otros hombres. Mi temor se acrecentó cuando el G12 se comunicó con Eduardo Cañas y su hija (gerente del emporio financiero de esa organización religiosa) para advertirle sobre mí. Después de esa conversación, en Manantial de Vida Eterna, la denominación de Asambleas de Dios a donde recién habíamos llegado, fuimos tratados con tanto desprecio y desdén que mi esposa y yo nos llegamos a preguntar si de verdad Dios existiría, y si todo aquello no sería más que una farsa universal muy bien montada para engañar a quienes buscaban a Dios, a sabiendas de que Él, en verdad, no existía.
Nuestra desesperación era tan profunda y terrible que llegamos a considerar seriamente que la vida no valía la pena y que, junto a nuestros tres pequeños hijos, estaríamos mejor muertos que viviendo en este sistema engañoso, corrupto y cruel que abarcaba todas las iglesias cristianas.
Deseoso de aprender sobre Dios, no me había contentado con lo que me enseñaban en el G12 ni con lo aprendido varios años antes en los Testigos de Jehová, sino que de manera personal inicié un estudio bíblico que me llevó a cuestionar muchos temas "tabúes", considerados como dogmas por las denominaciones cristianas; entre estos estaban, especialmente, el asunto del diezmo y la autoridad espiritual humana, es decir, la existencia de una especie de clero entre las iglesias cristianas al que debían obedecer y sujetarse el resto de creyentes.
Miguel Rosell, un hombre valioso a quien le estaré agradecido siempre pero con quien –no obstante- difiero en estos asuntos de la autoridad espiritual humana y el diezmo, prácticamente me salvó de cometer una locura. Desde España, Rosell me animó a seguir considerando la bendita Palabra de Dios como mi guía y me explicó plausiblemente los verdaderos alcances del G12 y de todo eso que llamamos "evangelio de la prosperidad". Sin embargo, muy preocupado por mi falta de "cobertura espiritual", me urgió a buscar con rapidez una iglesia de "sana doctrina", donde se enseñara el "evangelio completo". Era posible –me dio a entender- que las maldiciones de Castellanos y los Cañas me llegaran a alcanzar si no había un pastor que me "cubriera" con su manto protector, con su cobertura espiritual que me resguardaría de que las maldiciones de aquellos poderosos y prósperos pastores me alcanzaran.
De esto fue hace ya un año. Llegué a una iglesia, "Vida para las Naciones" de Asambleas de Dios, pastoreada por un hombre joven y aparentemente espiritual, que ejercía su "cobertura" sobre un precioso grupo de personas –alrededor de 20- a quienes pronto les tomé bastante aprecio.
Sin embargo, en muy poco tiempo empecé a darme cuenta de que algo no andaba bien en esta iglesia. El pastor invitaba constantemente a "predicadores de la prosperidad" que eran –al mismo tiempo- líderes importantísimos dentro del tinglado de Asambleas de Dios; también invitaba "profetizas", pronosticadores de sucesos cuyas profecías nunca se cumplieron para la gran mayoría de estos sufridos creyentes. Durante los seis meses que duré allí, mi situación económica no mejoró, pero mi fe se fue haciendo cada vez más y más fuerte debido a mi estudio personal de las Escrituras y a la comprobación personal de las promesas del Señor. Pero en nada de esto tenía que ver la denominación. Era realmente conmovedor ver que casi todos los fieles (que tenían graves problemas de salud, económicos, familiares o morales) acudían los domingos a la "iglesia" a cantar, llorar y clamar pidiendo a Dios por sus problemas particulares. Yo no entendía como un líder que hacía de todo en la "iglesia", desde el aseo hasta dirigir la escuela doctrinal y reemplazar innumerables veces al pastor, tenía que pasar muchos trabajos y penurias económicas porque los diezmos y ofrendas iban a las arcas de la "iglesia madre", donde el "pastor general" y el pastor local separaban sus sueldos y "comisiones", destinando otro rubro para la organización Asambleas de Dios –pagando su "cobertura espiritual"-, arriendos, servicios públicos, etc.
Recuerdo el caso de un hombre desesperado (lo llamaré "Edgar") por su situación financiera quien no veía salida para ella, que fue prácticamente estafado por un predicador, de la cúpula de Asambleas de Dios, que fue a profetizar y a vender milagros a la congregación. Este pastor se dirigió específicamente al infortunado y le dijo que Dios le mandaba decir que hoy mismo se solucionaría su angustia financiera. La única condición era que debía dar un billete de alta denominación (dijo que entre más alta la denominación, más alto el milagro), así que "Edgar" dio todo lo que tenía: lo correspondiente a dos dólares estadounidenses. Luego, el profeta-pastor-maestro y apóstol (decía que "humildemente" era todo eso), le sopló el "Espíritu Santo" a una distancia de dos metros; y "Edgar" cayó al piso como fulminado por un rayo, con un rostro resplandeciente de felicidad que le quedó después de convulsionar un poco. Luego, el "profeta" me miró y dijo que Dios le mostraba que había un hombre –cristiano- con altas capacidades para los negocios, pero que estaba pasando por un mal momento (eso era fácil de adivinar por mi ropa -créanlo), y pidió que "esa persona" pasara al frente para recibir la bendición. Yo estaba sumamente indignado de lo que veía –hombres y mujeres tirados en el piso, venta de milagros a cambio de billetes- y no me moví un ápice a pesar de que mis sinceros hermanos me hacían gestos para que pasara al frente a "reclamar" mi bendición. Finalmente, el "profeta-pastor-maestro-apóstol" le fue agregando pronunciamientos a lo que "el Espíritu le estaba mostrando". Dijo que Dios le decía que tal hermano había hecho un mal negocio recientemente (yo no había hecho ningún negocio, ni bueno ni malo, la verdad sea dicha). Una mujer se levantó y dijo que esa palabra era para ella. El "pastor" dijo que Dios le mostraba que ese hombre era el esposo de ella. La mujer negó con la cabeza y dijo que no tenía esposo. Entonces, el iluminado "profeta" dijo que debía ser alguien de la familia, un hijo o un hermano de sangre. Ella dijo que no era de su familia. Entonces, el "espíritu" le "mostró" a este profeta, que si no era el esposo ni un familiar de sangre, debería ser alguien muy cercano a ella. Por fin, la mujer asintió feliz de la "revelación". Entonces, el "profeta" le dijo que ese hombre era un fiel cristiano pero estaba pasando por un mal momento (por favor...!) y que Dios le mandaba decir que hiciera su ofrenda y el milagro se produciría. A lo que la mujer respondió que tal persona ni siquiera era cristiana, sólo que ella había "sentido" que el mensaje era para ella. El hábil "profeta-pastor-maestro y apóstol", corroboró que el mensaje era para esa persona no creyente. Le vaticinó que el milagro ocurriría, obviamente a cambio de la correspondiente "siembra", que algún día se volvería creyente, y pasó al siguiente incauto sin más explicaciones.
Yo estaba realmente horrorizado. Todas las personas le creyeron a este tunante y ese día ofrendaron copiosamente para comprar su milagro. Pasados dos o tres días de ese culto dominical, hablé con el pastor y le expuse mi indignación. La respuesta de este joven pastor fue: "pues, de pronto me equivoqué trayendo a este profeta... yo nunca lo había visto en este plan.. ¡pero la gente salió muy contenta...!". Meses después me enteraría de que, a pesar de que el pastor me hallaba la razón, esa era una técnica usada por Asambleas de Dios para "ganar" almas para Cristo. Fingir estar de acuerdo con un argumento bíblico, sin estarlo, en realidad es una técnica mucho más antigua, inventada por los Jesuitas, como una manera de simpatizar con las personas y, poco a poco, convertirlos en fieles borregos.
A "Edgar", quien compró su milagro con escasos dos dólares, no se le cumplió ese "pacto" que había hecho. Fue estafado. Regresó muy angustiado el siguiente miércoles –los miércoles son allí "día de milagros"- para que el pastor le explicara qué era lo que sucedía en su vida. No entendía nada. Al final del culto yo me acerqué de nuevo al pastor y le solicité su permiso para ayudarle a "Edgar" a encontrar las respuestas que tanto buscaba, le dije al pastor que si él se oponía yo no tendría más remedio que pasar por alto su "autoridad" y –de manera informal- instruir a "Edgar" en la doctrina bíblica. El pastor se molestó mucho y dijo que "Edgar" era un hombre de cuidado, contencioso y problemático y que era mejor que me cuidara de él. Por supuesto, hice poco caso de sus recomendaciones y decidí hablar con "Edgar" el sábado siguiente. Lamentablemente jamás regresó. Dicen que lo han visto vendiendo cosas en las calles, casi harapiento y sucio. Dios me perdone por no haberle hablado el mismo día en que compró su milagro.
Mis cuestionamientos se fueron haciendo cada vez más insoportables para el pastor. Yo nunca desaprovechaba ocasión para –de manera respetuosa- controvertir o "ampliar" las enseñanzas del pastor sobre la "prosperidad", la autoridad espiritual humana, el diezmo, el "reclamar" a Dios de manera autoritaria por nuestro milagro, como si lo hubiéramos ganado por nuestros méritos, y otras cosas más que omito y con las cuales llenaríamos muchas páginas.
El golpe final para el pastor –ya lo he contado en algunas ocasiones- fue cuando su "mano derecha", su "líder principal", un joven atribulado por su conciencia (a quien el pastor le aconsejaba acallar colocándose la "máscara de payaso" mientras oraba en público o dirigía los cultos), acudió a mí solicitando ver cuáles eran las famosas doctrinas fundamentales del cristianismo sobre las cuáles yo les insistía una y otra vez a ellos para que fueran enseñadas a la iglesia. Días antes, yo había notado que este muchacho estaba sumamente deprimido y cada vez que le preguntaba qué le sucedía, al joven se le anegaban los ojos de lágrimas pero no soltaba palabra. El pastor le había prohibido que buscara consejo en mí –soy un hombre maduro- ya que eso significaría socavar los niveles de autoridad "implantados por Dios" en la iglesia. El líder era él –le decía el pastor- no un simple "aparecido" como yo. Además, estaba el hecho de que este brillante joven era un aventajado alumno del Seminario Bíblico de Asambleas de Dios a donde solamente accedían unos pocos privilegiados que tenían el "llamado" a uno de los famosos "ministerios" (apóstol, maestro, profeta, evangelista, pastor) con los cuáles estos hombres perversos intentan dar sustento a su autoridad terrenal, amén –claro está- de la necesaria recomendación del pastor para ser aceptado en el Seminario. De esta manera, este joven se veía a sí mismo como espiritualmente superior a un "aparecido" como yo y consideraba una verdadera aberración espiritual el acudir a mí en busca de consejo. Y, valga la aclaración, este joven no se acercó a mí debido a una especie de unción que yo desplegara, o un halo misterioso y sobrenatural. Yo ni siquiera tenía "autoridad" espiritual ya que mi situación financiera era sumamente precaria y jamás había pisado un Seminario Bíblico evangélico, no me codeaba con los grandes pastores ni los llamaba por su nombre de pila y, la verdad sea dicha, esto tampoco me importaba. El joven veía autoridad, no en mí sino en los textos bíblicos que yo mencionaba. Cada vez que yo leía un pasaje bíblico que desautorizaba la doctrina de Asambleas de Dios, este joven sentía como puñales en su corazón, sentía rabia (como el "crujir de dientes") y fastidio hacia mí y lo que yo decía pero no tenía manera alguna de refutar escrituralmente. Lo mismo cuando yo cuestionaba las enseñanzas de "hombres y mujeres de Dios" como Marcos Witt, Benny Hinn, Cash Luna, César Castellanos, Ricardo Rodríguez, K. Kultmanh, Billy Graham, Juan Pablo II y varios más.
Después de un culto dominical, el joven "líder" se acercó a mí y me dijo que quería ver cuáles eran esas doctrinas registradas en Hebreos 6. Inmediatamente, las consideramos. Desde los primeros minutos vi un verdadero milagro ante mis ojos. Dios me concedió el privilegio de observar cómo actuaba en este corazón ansioso de conocerlo. Cada texto, cada pasaje leído era una revelación grandiosa para este muchacho experto en teología, alta crítica, apologética, escatología y demás filosofías de hombres. Este joven entendió, como Pablo, que todo lo que había aprendido no era más que un montón de basura. Y nació de nuevo. Sus lágrimas eran esta vez de agradecimiento hacia Dios.
Dichoso de este nuevo nacimiento, el joven acudió donde el pastor para manifestarle cómo Dios se le había revelado en las Escrituras y le suplicó que estableciera esta enseñanza bíblica en la iglesia, seguro de que ayudaría en la edificación de todos y cada uno de los asistentes. El pastor, era de esperarse, le dio su negativa y le dijo que esas doctrinas de Hebreos 6, eran doctrinas de demonios. No solamente recriminó al joven por haber acudido a mí, sino que me envió razón con él de que no volviera jamás a pisar "su iglesia" ni a hablar con "sus ovejas". Yo le dije que de mi iniciativa jamás buscaría a ninguna de "sus ovejas", pero que si éstas me buscaban procurando ayuda, yo no podría negarme. Antes de hacer esta promesa, aproveché el tiempo y visité –por propia iniciativa- a una hermana a quien aprecio y considero de manera muy especial.
De lo más aberrante que hube de ver en esta iglesia de Asambleas de Dios, fue que mientras esta querida hermana, que adolece de cáncer, perdía su casa por no poder pagar las cuotas al banco, el pastor realizaba una colecta –no para ayudarla- sino para comprar instrumentos musicales para "adorar al Señor". La colecta fue un éxito. Tanto, que le expresé mi inquietud al pastor sobre esta querida hermana –viuda- y sus necesidades. La respuesta del pastor fue: "ella tiene su propia carga y debe llevarla sola", argumentando que esa situación era una prueba del Señor para evaluar la fe de ella.
Este razonamiento perverso me había llevado a demostrarle bíblicamente que las ofrendas (por cuanto los diezmos no son obligatorios para los cristianos) debían destinarse a las necesidades de la iglesia, es decir, de las personas que la conformaban, no a la compra de instrumentos musicales o ni siquiera para que el pastor recibiera un salario. Bíblicamente, las personas capacitadas están obligadas a trabajar para mantenerse y solamente los verdaderamente necesitados deben recibir ayuda de los hermanos. Le dije que Dios no necesitaba de instrumentos musicales nuevos y costosos –ni siquiera de edificios- para que le diéramos adoración. La adoración acepta por Dios de parte de los nacidos de nuevo, –le dije- era ayudar al necesitado, nada más. Una manera de demostrar nuestro amor a Dios, es amando a nuestro prójimo -¿de qué otra manera, si no..?-. El pastor que recriminó amablemente y me dijo que esa era la manera de hacer las cosas de Asambleas de Dios y que si no me parecía, bien podía irme a otra iglesia. Sin embargo –me dijo él- el "Espíritu le estaba mostrando" que mi problema real era el pecado de rebeldía, que Dios respaldaba plenamente a sus pastores –fueran buenos o "malos"- y que cuestionar a los pastores era lo mismo que cuestionar a Dios. Para ese momento, yo sabía perfectamente que tal aseveración no tiene sustento neotestamentario pero no le respondí nada.
Antes de que él me prohibiera visitar a "sus ovejas" y hablarles de la Biblia, el joven ex líder y yo fuimos a hablar con esta hermana que sufre de cáncer y que había perdido su casa. Nos enteramos de que estaba saliendo a altas horas de la noche a vender arepas en la calle –a pesar de su delicada enfermedad- y nos ofrecimos a ayudarle en ese punto. También nos ofrecimos a considerar con ella las doctrinas bíblicas fundamentales a sabiendas de que solamente mediante la bendita Palabra de Dios, escuchada y obedecida, ella obtendría verdaderos milagros. Sin tener que pagar con dinero por ellos. Quedamos en vernos al día siguiente.
Pero nunca más nos volvió a abrir la puerta. Muy asustada por lo que habíamos dicho (que Dios no aprobaba la indolencia de los hermanos hacia ella, y que Dios la prefería a ella que a instrumentos musicales nuevos) acudió al pastor para preguntarle qué debía hacer. Y la respuesta del pastor fue tajante y contundente: lo que yo enseñaba era doctrina del diablo, así que recibirme a mí era como recibir al mismísimo Satanás. A veces me encuentro con una hermana carnal de ella que me saluda rápidamente, de lejos, y se aleja presurosa. La hermana sigue con su cáncer, sin casa, sin trabajo... pero la iglesia tiene equipos nuevos, el pastor acaba de remodelar totalmente su casa, de comprar electrodomésticos nuevos y espera pronto conseguir un automóvil para poder "servir" mejor al Señor. La "iglesia madre", que también se llama "Vida para las Naciones" también ha sido "bendecida" con muchas cosas materiales, sede propia, instrumentos musicales, "ministerios" prósperos, familia pastoral "próspera"; ya empezó a "enviar gente a las naciones", específicamente a Indonesia. Precisamente, este fue otro asunto que me impactó terriblemente. Una creyente de la iglesia "madre", con "llamado misional" (¿será ese otro "ministerio"..? ¿en qué se diferencia del apóstol..?) fue a nuestra "iglesia hija" vestida a la usanza de Indonesia , con ropas muy bellas, y solicitó apoyo financiero para su ministerio. Nos colocó un video donde se mostraba la necesidad espiritual de allí, que existe aunque hay varias iglesias cristianas en ese país, y nos dio una clase sobre la cultura espiritual de ese país. Para hacer gráfica la demostración, se postró hacia el Oriente, hacia La Meca, e hizo alguna oración musulmana en el idioma de Indonesia que francamente no entendí. Estoy seguro de la buena fe de esta hermana misionera. Pero llevar a cabo una oración a Alá, para mostrar cómo se hace, no dejó de ser un asunto sumamente inquietante. Jamás supe de profetas o apóstoles que hicieran rituales paganos para "mostrar" a los creyentes cómo era el asunto de la idolatría.
¿Qué ha pasado con el joven ex líder que prefirió obedecer a Dios antes que a los hombres..?
Él fue llamado varias veces por el pastor y por el pastor del pastor –es decir, por el pastor de la "iglesia madre"- para que reconsiderara su camino y no fuera desagradecido con los pastores; le hicieron sentir que les "debía algo" a ellos y a Asambleas de Dios, recurrieron al chantaje moral y financiero (le prometieron remuneración y un pronto ascenso en la jerarquía "espiritual", además de mencionarle que aún debía el valor del semestre en el Seminario Bíblico) pero el joven no transigió. Hoy en día está trabajando y dejó de esperar ser mantenido por la iglesia. Actualmente ayuda a su familia en el conocimiento de la Palabra y cada día avanza en procura de la perfección –como también lo hacemos muchos- con la certeza de su salvación.
En esta iglesia "Vida para las naciones", el joven pastor advierte a "sus" ovejas de tener contacto conmigo. Les dice que la prueba irrefutable de mi "rebeldía" es que no me acomodé en el G12 ni en Manantial de Vida Eterna. No menciona que esos pastores "cristianos" me maldijeron a mí, a mi esposa y a mis tres pequeños hijos. Dice que yo estoy formando una iglesia "nueva" -lo cual es falso- ya que busco ser pastor porque eso me ayudaría financieramente –cosa también falsa. Este pastor también miente al asegurar que yo me he dedicado a visitar a "sus" ovejas para convencerlas de que me sigan a mí y no a él. Miente al afirmar que yo me dediqué a seducir con engaños al joven líder con el objeto de que me ayudara en la formación de la nueva iglesia y asusta a sus oyentes con historias trágicas de terribles maldiciones que han caído sobre personas que se han "atrevido" a abandonar a sus pastores por escuchar otras voces ajenas.
Por supuesto, el camino no ha sido sencillo. Hay que aprender a soportar acusaciones, amenazas, maldiciones y señalamientos de ser vasallos de Satanás, que provienen mayormente de "líderes", "pastores" y demás rangos jerárquicos que sienten amenazada su propia autoridad acusándonos de ser "rebeldes", "illuminati", "masones", "satanistas", "anarquistas", "libertinos" y muchas cosas más debido precisamente a que reconocemos a Cristo como nuestro único Cabeza espiritual. Nos queda el consuelo de que a Jesús lo acusaron de cosas parecidas y de que nuestro Señor nos advirtió que lo mismo sucedería a quienes lo siguieran.
En el siguiente artículo analizaremos bíblicamente, y más directamente que en artículos anteriores, si en verdad Dios aprueba a pastores –"buenos" o "malos"- que se yerguen sobre el resto del rebaño colocándose en una posición superior al resto de creyentes y oficiando como intermediarios entre Dios y los hombres, llamándose "pastores", "ancianos", "profetas", "maestros", "evangelistas", "líderes", "padres", etc. Veremos si tiene sustento bíblico su reclamo al derecho de ser mantenidos económicamente por la iglesia y nos sorprenderemos por la manera en que Dios se refiere a estos hombres que, sinceros o no, usurpan el papel de nuestro único Pastor, Maestro y Salvador, Jesucristo.
Dios los bendiga.
Ricardo Puentes M.
Julio de 2007
Los Jesuitas
"Los más peligrosos enemigos de las libertades civiles y religiosas"
Es mi opinión en cuanto a que si las libertades de este país,
los Estados Unidos de América, llegan a desaparecer,
habrá sido por la sutileza de los sacerdotes Jesuitas católico romanos,
ya que son los más astutos, y peligrosos enemigos
de las libertades civiles y religiosas.
Ellos han instigado la mayor parte de las guerras en Europa
Maríe Joseph Motier, marqués de La Fayatte
Quien hizo este fuerte pronunciamiento fue el general francés La Fayette, (1757-1833) se destacó en la guerra de Independencia de los Estados Unidos, siendo considerado como héroe, y participó de una manera importante en la Revolución Francesa.
El marqués de La Fayette no tuvo reparos en hacer estos calificativos a los jesuitas, orden religiosa que ha sido expulsada de un sinnúmero de países debido a sus arteras maquinaciones; mismos países que tarde o temprano han sufrido la venganza terrible de estos asesinos disfrazados de humildad.
En la época de Ignacio de Loyola –fundador de la Compañía de Jesús, también conocida como "jesuitas" o "La Sociedad"- la Reforma protestante había causado daños muy serios al poder del Vaticano. Loyola concluyó que la iglesia Católica únicamente sobreviviría si iniciaban una serie urgente de acciones tendientes a fortalecer la figura del papa y de la iglesia Católica. Alberto Rivera, un cristiano que otrora fuera un jesuita de altísimo rango y que muriera asesinado por haberse atrevido a denunciarlos, nos cuenta que Loyola, para lograr su fin, le propuso al papa Pablo III que debían no sólo destruir físicamente a las personas "como lo estaban haciendo los sacerdotes dominicos mediante la Inquisición- sino que se infiltrarían en todos los sectores de la vida. El protestantismo debía ser vencido y usado para el beneficio de los papas."
Nos cuenta también que los jesuitas pusieron de inmediato manos a la obra "infiltrándose secretamente en TODOS los grupos protestantes, incluyendo sus familias, lugares de trabajo, hospitales, escuelas, universidades, etc. En la actualidad los jesuitas casi han cumplido esa misión".
Sabiendo que los jesuitas dominan la masonería –ya veremos de qué manera- no es extraño ver que sectas como la de los Testigos de Jehová, ampliamente difundida, fueron también infiltradas –o tal vez creadas por ellos desde el principio- por la masonería. Rusell, el fundador de la secta fue masón y actualmente está enterrado en un cementerio masón ubicado cerca de las oficinas de los testigos en Pensilvania. Los líderes religiosos de este grupo llaman a su organización religiosa como "La Sociedad" (acortando el nombre de Sociedad Torre del Vigía) y utilizan muchísimos simbolismos masones, además de muchos conceptos masones acerca de Jesús, sin que sus seguidores se percaten del engaño. Igual sucede con la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los últimos días, o mormones, cuyos seguidores tristemente viven en el engaño, contentos con el tipo de vida en "bendición" que llevan desde que abrazaron las doctrinas de Joseph Smith. Igual sucede con todas las iglesias cristianas con fuertes estructuras de autoridad donde los pastores enseñan a sus seguidores que "desobedecer al pastor es lo mismo que desobedecer a Cristo", enunciado neta y convenientemente jesuita ya que su fin, como vimos, es penetrar todas las iglesias protestantes y someterlas a la autoridad papal. Los más importantes líderes religiosos "cristianos" ya han iniciado su camino hacia el ecumenismo y muy pronto el resto de pastores de otras denominaciones, que se han erigido sobre el resto de creyentes -sobre las conciencias de ellos-, seguirán el ejemplo. De eso no hay duda.
Ignacio de Loyola, el fundador de la Compañía de Jesús, tuvo una juventud –según algunos de sus biógrafos- tormentosa, llena de fallas y de crímenes atroces. En la época en que sirvió como soldado, fue calificado como "traicionero, violento y vengativo". Según su secretario Polanco, Loyola "llevó una vida sin control en lo concerniente a mujeres, juegos de azar y duelos" (Robert Rouquette, S.J., "Saint Ignace de Loyola", p. 6. Edit. Albin Michel, París). Esto fue citado por Rouquette, un jesuita que trataba de justificar el temperamento brutal y la vida disipada de Loyola.
Habiendo sido paje en la corte de Fernando el Católico, se enroló luego como soldado para defender a Pamplona de los franceses. En esta guerra una bala de cañón le quebró una pierna y, derrotado su ejército por los franceses, estos lo enviaron a su castillo natal donde se sometió a varias operaciones dolorosas –tuvieron que romperle de nuevo la pierna para acomodarla mejor- de las que salió cojo de por vida. Fue en este espacio de tiempo que –según él- recibió el "don de las lágrimas", tan común es las iglesias pentecostales de hoy día. Mientras estaba convaleciente, leyó dos libros ("la vida de Cristo" y "la vida de los Santos") que le impactaron terriblemente y que lo llevaron a experimentar sobrenaturalmente la angustia de Cristo en la cruz, igual que dice haberlo experimentado Claudia de Castellanos líder de la MCI-G12 a nivel mundial; en realidad, este martirio ha sido "revelado" a casi todos los líderes de las grandes denominaciones "cristianas" de hoy.
Después de muchos ires y venires, y de pasar un tiempo prolongado en oración, ayuno y súplica, flagelándose constantemente, Loyola experimentó varias "visiones celestiales", en las cuales le fue concedida la "revelación" que lo llevó a fundar la Sociedad jesuita, siendo aprobados sus estatutos por el papa Pablo III. Inmediatamente organizaron el concilio de Trento que tiene como fin repudiar el protestantismo. Trento fue plenamente controlado por los jesuitas mediante Laínez y Salmerón dos miembros de la Orden escogidos por el papa para representarlo directamente como "teólogos pontificios". En Trento, los jesuitas cumplieron su labor a cabalidad defendiendo la autoridad suprema del papa, la no demostración de los dogmas mediante las Escrituras; proclamaron la infabilidad papal (instituida en el Concilio Vaticano, 300 años después). Debido a que la Reforma protestante sustentaba la libertad de conciencia y los derechos humanos fundamentales, los jesuitas condenaron estas premisas como "heréticas", igual que los enunciados bíblicos que los protestantes sacaron a la luz, y que se referían a que para la salvación no se necesitaba la mediación de hombres "superiores espiritualmente" o "líderes religiosos". En la cuarta sesión del Concilio de Trento, los jesuitas lograron que los jerarcas católicos condenaran la libertad de expresión y la libertad de conciencia. De allí en adelante, ningún hombre podía escoger libremente su propia manera de adoración –que no sea la manera católica-, ni ninguno tenía derecho a publicar lo que considerara la verdad; tampoco nadie tendría de ahí en adelante derecho a la libertad de conciencia. Cualquier parecido con los regímenes totalitarios, de izquierda o de derecha, no son, de ninguna manera, coincidencia.
Desde su creación, los jesuitas han sido entrenados para sujetarse sin condiciones a la autoridad reconocida. A su vez, cuando infiltran iglesias protestantes, ellos han enseñado esto en las denominaciones "cristianas". Mediante esta sujeción sin condiciones los adoctrinados se convierten en instrumentos dóciles en las manos de sus líderes religiosos y poco a poco se convierten en radicales enemigos de toda clase de libertad. Loyola escribió: "Estemos convencidos de que todo es bueno y correcto cuando lo ordena un superior. (...) Incluso si Dios les diera un animal sin raciocinio como señor, no vacilarán en obedecerle como amo y guía, porque Dios ordenó que así fuera.." Nuevamente, cuando los pastores "cristianos" enseñan en sus iglesias que "quien desobedece al pastor, desobedece a Cristo", ya sabemos de dónde procede esta inspiración espuria. Igual que para los jesuitas, ver a su superior es como ver al mismo Cristo, para los "cristianos" modernos ver a su pastor es ver al mismo Cristo.
Loyola, en su "Sententiac asceticae" dice: "Un buen pastor de almas tiene que saber cómo ignorar muchas cosas y pretender que no las entiende. Una vez que sea el amo de las voluntades, podrá guiar sabiamente a sus estudiantes hacia donde él elija". Igual que en Asambleas de Dios, la Misión Carismática Internacional y el resto de denominaciones que manejan Encuentros Espirituales y Seminarios Bíblicos, Loyola –en sus Ejercicios Espirituales, da instrucciones precisas sobre la manera de impactar la psiquis de los oyentes mediante los ritmos de respiración, las pausas, los llantos, los gritos y la música. Leer los ejercicios hace que uno se sienta como en un Seminario de Asambleas de Dios o en uno de los Encuentros del G12.
El papa Pablo III les confirió poderes especiales a los jesuitas; los absolvía de antemano de cualquier tipo de pecado, incluidos la herejía y la falsificación de la Biblia. El papa Gregorio XIII les concedió después el derecho de hacer negocios comerciales y bancarios sin necesidad de ser supervisados por ningún otro jerarca ni gobierno. Para defender estos derechos, los papas recurrieron a reyes y gobernantes mediante lo que hoy conocemos como Concordatos.
A través de los siglos, los jesuitas lograron afincarse en Alemania, Italia, Portugal, España, Suiza, Polonia, Suecia, Inglaterra y Francia, países que arruinaron y de los cuales los expulsaron; pero siempre regresaron. También, durante los siglos XIV y XV establecieron misiones en India, China y Japón, pero allí tuvieron mucha resistencia y no regresarían sino hasta siglos después.
Los jesuitas en América
Descubierto el Nuevo Mundo, los jesuitas intuyeron acertadamente que éste era mucho más favorable para sus intereses que el continente asiático. Conocedores de que el Nuevo Mundo estaba habitado en su mayoría por bandas de cazadores-recolectores, inferiores técnica y militarmente al europeo, los jesuitas se concentraron en esta clase de pobladores americanos dejando las civilizaciones más "avanzadas", como incas y mayas, en manos de dominicos y franciscanos.
Caso especial fue el de Paraguay, país que en época de la Colonia abarcaba un territorio extenso que incluía parte Brasil, Uruguay y Argentina. Allí los jesuitas trabajaron con los guaraníes, cazadores nómadas dóciles y amables que no ofrecieron resistencia ante la evangelización jesuita siempre y cuando fueran provistos de alimento y tabaco.
Fue con ellos que los jesuitas, en el siglo XVII, empezaron a experimentar su modelo "comunista" de organización política, una especie de colonia de Dios hecha a la medida de sus intereses. Despojándolos de su forma de vida, estos cazadores nómadas fueron obligados a vivir encerrados en estas "reducciones" (así se llamaban) cobijados y supervisados por los jesuitas que ejercían su dominio paternalista sobre los indígenas. Igual que lo establecerían muchos años después en la Rusia de Stalin, en la Cuba de Castro o en la Venezuela de Chávez, los jesuitas anularon la propiedad privada en todos los ámbitos de la vida del guaraní: "Todo lo que el cristiano posee y usa, la choza donde vive, los campos que cultiva, el ganado que provee alimento y vestimenta, las armas que lleva, las herramientas con que trabaja, aún el único cuchillo de mesa que se le da a cada pareja joven cuando establece su hogar, es `Tupambac', propiedad de Dios.."
Los indígenas ni siquiera podían disponer de sus propias vidas ni la de sus hijos. No les pertenecían. Un bebé lactante estaba bajo cuidado de la madre, pero tan pronto podía caminar se colocaba bajo el poder del Superior jesuita o sus agentes. Les impedían aprender a escribir en español para que no se "contaminarán" con los blancos. A los jóvenes de 14 ó 15 años los casaban para evitar el pecado de fornicación. Además, a los guaraníes les negaban la posibilidad de ser sacerdotes o monjas; cuando iban a trabajar a los campos, debían ir cantando algún tema religioso mientras llevaban una imagen sagrada en procesión. Por las noches debían rezar el rosario y escuchar el catecismo. Los tiempos y maneras de recreación también eran controladas por los jesuitas para evitar los pecados de la carne. Para castigarlos por sus faltas, los jesuitas usaban el látigo, el ayuno, la prisión, la vergüenza pública y la penitencia en la iglesia. También era obligatorio que el castigado recibiera la humillación con gratitud. Los guaraníes de las reducciones se convirtieron en católicos devotos y místicos que veían milagros en todas partes y que disfrutaba del sufrimiento de la penitencia. Aprendió a obedecer ciegamente a los líderes jesuitas. Es decir, los jesuitas enseñaron lo que ellos mismos aprendieron en una educación que todavía dura más de catorce años al final de los cuales ya han renunciado totalmente a todo criterio personal, a toda iniciativa propia mientras se sujetan totalmente sus superiores. (H. Boehmer, "Les Jesuites", U. De Bonn, citado por Edmond Paris).
En general, debido a la doctrina medieval de que el Pontífice tenía plena soberanía sobre los territorios ocupados por "infieles", los papas tenían pleno y reconocido derecho para hacer traspaso de estos a manos de los monarcas católicos. Fueron los papas quienes dividieron el Nuevo Mundo repartiéndolo entre las coronas europeas. La América hispana de hoy fue otorgada en ese entonces por el papa al Rey español bajo el compromiso de predicar el "evangelio".
Esa ideología de la dominación reconocía el poder papal sobre toda autoridad regia. Tomás de Aquino, por ejemplo, era un defensor acérrimo de la pirámide de autoridad que hoy esgrimen por igual las iglesias católica y evangélicas, y que incluía de igual manera la aceptación doctrinal de la desigualdad humana y, por tanto, de la esclavitud.
Así pues, lo que los jesuitas instalaron en Latinoamérica no fue otra cosa que su visión cosmogónica de un Estado totalmente jerarquizado dominado por el rey, sustentado en la práctica social por la existencia de una pirámide social basada en premisas religiosas que aceptaban la desigualdad social. Para los indígenas guaraníes, como ya se dijo, que no tenían contacto con el europeo conquistador, se estableció un sistema donde ellos –los jesuitas- eran la única autoridad mientras los guaraníes eran los esclavos.
Debido al permiso "divino" que idearon los jesuitas en el Concilio de Trento para exterminar a todo aquel que no pensara lo mismo que el Vaticano, los europeos tuvieron la bendición del papa para aniquilar a todos los indios que consideraran peligrosos para su dominio, excusándose en la maldición de Trento que culpaba a los indios del pecado de idolatría, suficiente para ser condenados a muerte.
La iglesia Católica, entonces, sostuvo y propagó el oscurantismo hacia Latinoamérica tanto tiempo como fue posible. Mientras tanto, países de influencia netamente protestante y liberal, como Inglaterra, impusieron el libre mercado y las autoridades coloniales españolas no pudieron controlar el contrabando hacia sus dominios. Este comercio ilegal fue satanizado desde los púlpitos donde los sacerdotes católicos esgrimían la protección a la nacionalidad asegurando que el contrabando era un pecado que los condenaría al castigo del fuego eterno.
Los criollos –españoles nacidos en América- siendo menospreciados en esta pirámide social ideada por los jesuitas, empezaron a anhelar la libertad y las oportunidades comerciales que veían en Norteamérica. Hombres poderosos económicamente, no veían con buenos ojos el estar socialmente por debajo de los europeos y empezaron a manifestar abiertamente su inconformidad. Los jesuitas, hábiles en advertir y aprovecharse de los cambios sociales, y siendo consejeros personales de la élite criolla, alentaron la insurrección al mismo tiempo que apoyaban al rey de España en el intento de sofocar la rebelión, a sabiendas de que en cualquier bando ganarían consiguiendo su propósito de defender la soberanía del papa.
Vencida la corona española –y la portuguesa en Brasil- los jesuitas no estaban dispuestos a permitir que las ideas de democracia y libertad, difundidas en la Norteamérica protestante, se extendieran a sus dominios. Teniendo el control de la masonería americana que ideó la independencia, la usaron hábilmente para la intriga y los asesinatos que originaron la guerra civil en las recién "independizadas" colonias. No en vano, altos jerarcas de la iglesia católica se colocaron astutamente en ambos lados del conflicto –el americano y el de la corona española- conociendo que de cualquier forma el papa ganaría en poder. En las actas constituyentes de la República, firmadas tanto en Tunja, Angostura y Cúcuta, siempre aparecen obispos signatarios que serían elegidos miembros del Senado y que, a la postre –ese era su propósito-, ejercerían toda su influencia para alcanzar el Patronato (o Concordato) entre el Vaticano y las nacientes repúblicas. Bolívar y Santander, ambos masones, fueron grandes impulsadores del "concordato" durante la Gran Colombia. De esta manera, los ideales de verdadera libertad y democracia se diluyeron instantáneamente dejando vigente la misma estructura económica y social de la Colonia. La única diferencia fue el cambio de mando de los europeos a los criollos, los oligarcas nacidos en suelo americano. Todo el armazón de dominación siguió intacto: los privilegios de clase, los diezmos a la iglesia católica, los monopolios, la dominación de la oligarquía para legislar y para establecer las condiciones económicas, políticas y sociales que aseguraran su permanencia en el poder durante generaciones hegemónicas, todo eso sirvió a los propósitos del Vaticano que puedo dominar fácilmente a los nuevos dueños de las repúblicas.
Hábilmente, los jesuitas ratificaron el control de la iglesia sobre la educación republicana y sobre sus fuentes de financiamiento. Los gobiernos liberales de Mosquera y Herrán –en Colombia, no consiguieron el establecimiento de un Estado seglar, debido a que durante varios siglos de paciente trabajo, la iglesia Católica se había establecido firmemente en la mente de los colombianos convirtiéndolos en personas obedientes a la jerarquía católica a la cual –a la vez- temían profundamente por las consecuencias escatológicas de la "rebeldía" a ella.
Fieles a sus objetivos, los jesuitas habían penetrado todos los ámbitos sociales. Colocaron religiosos bajo su control en todas las juntas y organizaciones posibles de la nueva república con el fin de que nada escapara a su manejo. Incluso en las guerras de independencia, los clérigos "rebeldes" a la Corona española, usaban el fanatismo religioso como arma para impulsar a los incautos campesinos a pelear para defender los derechos de quienes se convertirían en sus nuevos amos. Hoy en día, sobre todos en Estados Unidos, son los pastores evangélicos los que azuzan a los "cristianos" para que peleen contra los herejes islámicos so excusa de defender la supremacía de los gringos. Pastores reconocidos, como Antonio Bolainez y D. Ureña, escriben acalorados discursos de tinte profético y apocalíptico donde se anima al cristiano hispano a defender a Estados Unidos -una "nación cristiana"- de perversos seres malignos como Sadam Hussein (hermano masón de Bush, su asesino), aseguran estos pastores que el cristianismo debe ser beligerante y nacionalista, que pelear en la guerra contra el Islam es pelear al lado de Dios. Dicen que Bush es un cristiano, un hombre bueno a quien "le toca hacer a veces cosas malas para que la profecía se pueda cumplir.." Por su parte, Bush, delirante de misticismo protestante, asegura que el Señor Jesús le habla al oído y le ordena ir a bombardear Irak o Afganistán. Lo mismo asegura Hugo Chávez, otro deschavetado caudillista que es apoyado por la iglesia católica y por el concilio de iglesias evangélicas. De Castro, ni hablar.
Durante el establecimiento de la república, a Colombia llegó un diplomático estadounidense, protestante, llamado Robert McAfee. En una misiva oficial remitida a su gobierno, aseguró que a pesar de haber transcurrido 300 años en la Nueva Granada, "el pueblo carece aún de libertad de conciencia" y dijo que la influencia del clero católico se constituía en una "implacable dominación ejercida por la Iglesia sobre un pueblo que se suponía libre.." (Robert McAfee. "Despachos Diplomáticos", 1834. citado en Mito, 1975, p. 334, Bogotá, Instituto Colombiano de Cultura)
A pesar de esta declaración cierta, los protestantes estadounidenses, defensores de la democracia y la libertad, también se vieron infiltrados por los jesuitas logrando que masones como George Washington imprimieran en la Constitución de ese país algunas de sus concepciones. Sin embargo, y es justo reconocerlo, los protestantes norteamericanos influyeron mayormente en esta acta que se ha constituido como modelo en todas las democracias del mundo entero.
En Estados Unidos, un país mayoritariamente "protestante" los jesuitas controlan mediante masones y judíos sionistas (fieles al papa) todo el mercado del entretenimiento, el deporte, el juego, la mafia y el licor. Hollywood está en manos de ellos. ¿O acaso no se han preguntado por qué razón en las películas gringas, siempre se hace apología al catolicismo..? En un país mayoritariamente protestante esto es muy extraño. Walt Disney, masón grado 33 fue muy usado por los jesuitas; la mayoría de los equipos de fútbol, como los Leones de Detroit, los Pittsburgh Steelers y otros, son propiedad de algunos Caballeros de Malta, orden religiosa católica de caballería creada y controlada por los jesuitas. El centro de juego de la ciudad de Las Vegas, también está controlado por ellos mediante la Comisión de la Mafia.
La Compañía de Jesús ha dividido el mundo en 83 regiones. En cada región hay un provincial Jesuita. En solamente Estados Unidos hay 10 provinciales debido a la importancia estratégica de este país. Centroamérica solamente tiene un provincial. Irlanda tiene uno. Es mediante esos provinciales que el General jesuita, el máximo jerarca de la Orden, el llamado Papa Negro, puede controlar sus dominios.
Entre tanto, en Latinoamérica el asunto no es muy diferente. Son ellos quienes controlan el tráfico de drogas –fuente enorme de recursos financieros-, utilizando a las guerrillas en Colombia (de origen e influencia eclesiásticos), o los grupos paramilitares también conformados por creyentes fieles a Roma; comandantes paramilitares que se han entregado a la justicia hablan de altos jerarcas católicos que pertenecen al grupo de 6 personas que dirigen desde la oscuridad a toda la infraestructura paramilitar. Los vínculos de la guerrilla colombiana con el clero católico son inocultables. Los vínculos de la aristocracia colombiana con sus aparentes contradictores –la guerrilla- también son evidentes. El oligarca Alfonso López Michelsen, relacionado con la mafia, también tuvo fuertes vínculos con la guerrilla maoísta del ELN. Incluso, siendo presidente, cuando las fuerzas militares estaban a punto de dar el golpe final para acabar con el ELN, López les ordenó a sus comandantes no perseguirla más. Y hay muchos ejemplos más de esto.
Es esta relación perversa entre iglesia católica, mafia y familias oligarcas la que ha tenido sumida en la más infame pobreza a nuestro pueblo que sigue llenando a reventar iglesias católicas y "protestantes" en búsqueda de una iluminación que jamás les llegará por esa vía.
Hoy, la Orden de los jesuitas está más activa que nunca. Predicando un "evangelio marxista", tipo socialismo bolivariano de Chávez, está colocando al mundo al borde de una Tercera Guerra Mundial ignorando –o tal vez no- que de un tercer conflicto sólo quedarían cenizas. Los jesuitas saben mejor que nadie que Estados Unidos está en el umbral de su poderío, que pronto dejará de ser potencia mundial, y por ello están apoyando abiertamente a Rusia a pedido de las convenientes "apariciones" de la virgen María en las cuales ella ha ordenado la conversión de los rusos. Ya colocaron un papa comunista polaco y ahora establecen concordatos con los gobiernos socialistas que han ayudado a escoger.
En el próximo artículo –ahora sí- podemos ahondar en el papel que desempeñaron los jesuitas en las dos Guerras Mundiales, en el régimen de Stalin, en el holocausto judío, en el socialismo de Hitler, de Mussolini y de Franco.
Gracias a Dios nada de lo que estos sanguinarios personajes hagan podrá en modo alguno frenar su inevitable y próxima caída.
Ricardo Puentes M.
Julio de 2007.
Es mi opinión en cuanto a que si las libertades de este país,
los Estados Unidos de América, llegan a desaparecer,
habrá sido por la sutileza de los sacerdotes Jesuitas católico romanos,
ya que son los más astutos, y peligrosos enemigos
de las libertades civiles y religiosas.
Ellos han instigado la mayor parte de las guerras en Europa
Maríe Joseph Motier, marqués de La Fayatte
Quien hizo este fuerte pronunciamiento fue el general francés La Fayette, (1757-1833) se destacó en la guerra de Independencia de los Estados Unidos, siendo considerado como héroe, y participó de una manera importante en la Revolución Francesa.
El marqués de La Fayette no tuvo reparos en hacer estos calificativos a los jesuitas, orden religiosa que ha sido expulsada de un sinnúmero de países debido a sus arteras maquinaciones; mismos países que tarde o temprano han sufrido la venganza terrible de estos asesinos disfrazados de humildad.
En la época de Ignacio de Loyola –fundador de la Compañía de Jesús, también conocida como "jesuitas" o "La Sociedad"- la Reforma protestante había causado daños muy serios al poder del Vaticano. Loyola concluyó que la iglesia Católica únicamente sobreviviría si iniciaban una serie urgente de acciones tendientes a fortalecer la figura del papa y de la iglesia Católica. Alberto Rivera, un cristiano que otrora fuera un jesuita de altísimo rango y que muriera asesinado por haberse atrevido a denunciarlos, nos cuenta que Loyola, para lograr su fin, le propuso al papa Pablo III que debían no sólo destruir físicamente a las personas "como lo estaban haciendo los sacerdotes dominicos mediante la Inquisición- sino que se infiltrarían en todos los sectores de la vida. El protestantismo debía ser vencido y usado para el beneficio de los papas."
Nos cuenta también que los jesuitas pusieron de inmediato manos a la obra "infiltrándose secretamente en TODOS los grupos protestantes, incluyendo sus familias, lugares de trabajo, hospitales, escuelas, universidades, etc. En la actualidad los jesuitas casi han cumplido esa misión".
Sabiendo que los jesuitas dominan la masonería –ya veremos de qué manera- no es extraño ver que sectas como la de los Testigos de Jehová, ampliamente difundida, fueron también infiltradas –o tal vez creadas por ellos desde el principio- por la masonería. Rusell, el fundador de la secta fue masón y actualmente está enterrado en un cementerio masón ubicado cerca de las oficinas de los testigos en Pensilvania. Los líderes religiosos de este grupo llaman a su organización religiosa como "La Sociedad" (acortando el nombre de Sociedad Torre del Vigía) y utilizan muchísimos simbolismos masones, además de muchos conceptos masones acerca de Jesús, sin que sus seguidores se percaten del engaño. Igual sucede con la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los últimos días, o mormones, cuyos seguidores tristemente viven en el engaño, contentos con el tipo de vida en "bendición" que llevan desde que abrazaron las doctrinas de Joseph Smith. Igual sucede con todas las iglesias cristianas con fuertes estructuras de autoridad donde los pastores enseñan a sus seguidores que "desobedecer al pastor es lo mismo que desobedecer a Cristo", enunciado neta y convenientemente jesuita ya que su fin, como vimos, es penetrar todas las iglesias protestantes y someterlas a la autoridad papal. Los más importantes líderes religiosos "cristianos" ya han iniciado su camino hacia el ecumenismo y muy pronto el resto de pastores de otras denominaciones, que se han erigido sobre el resto de creyentes -sobre las conciencias de ellos-, seguirán el ejemplo. De eso no hay duda.
Ignacio de Loyola, el fundador de la Compañía de Jesús, tuvo una juventud –según algunos de sus biógrafos- tormentosa, llena de fallas y de crímenes atroces. En la época en que sirvió como soldado, fue calificado como "traicionero, violento y vengativo". Según su secretario Polanco, Loyola "llevó una vida sin control en lo concerniente a mujeres, juegos de azar y duelos" (Robert Rouquette, S.J., "Saint Ignace de Loyola", p. 6. Edit. Albin Michel, París). Esto fue citado por Rouquette, un jesuita que trataba de justificar el temperamento brutal y la vida disipada de Loyola.
Habiendo sido paje en la corte de Fernando el Católico, se enroló luego como soldado para defender a Pamplona de los franceses. En esta guerra una bala de cañón le quebró una pierna y, derrotado su ejército por los franceses, estos lo enviaron a su castillo natal donde se sometió a varias operaciones dolorosas –tuvieron que romperle de nuevo la pierna para acomodarla mejor- de las que salió cojo de por vida. Fue en este espacio de tiempo que –según él- recibió el "don de las lágrimas", tan común es las iglesias pentecostales de hoy día. Mientras estaba convaleciente, leyó dos libros ("la vida de Cristo" y "la vida de los Santos") que le impactaron terriblemente y que lo llevaron a experimentar sobrenaturalmente la angustia de Cristo en la cruz, igual que dice haberlo experimentado Claudia de Castellanos líder de la MCI-G12 a nivel mundial; en realidad, este martirio ha sido "revelado" a casi todos los líderes de las grandes denominaciones "cristianas" de hoy.
Después de muchos ires y venires, y de pasar un tiempo prolongado en oración, ayuno y súplica, flagelándose constantemente, Loyola experimentó varias "visiones celestiales", en las cuales le fue concedida la "revelación" que lo llevó a fundar la Sociedad jesuita, siendo aprobados sus estatutos por el papa Pablo III. Inmediatamente organizaron el concilio de Trento que tiene como fin repudiar el protestantismo. Trento fue plenamente controlado por los jesuitas mediante Laínez y Salmerón dos miembros de la Orden escogidos por el papa para representarlo directamente como "teólogos pontificios". En Trento, los jesuitas cumplieron su labor a cabalidad defendiendo la autoridad suprema del papa, la no demostración de los dogmas mediante las Escrituras; proclamaron la infabilidad papal (instituida en el Concilio Vaticano, 300 años después). Debido a que la Reforma protestante sustentaba la libertad de conciencia y los derechos humanos fundamentales, los jesuitas condenaron estas premisas como "heréticas", igual que los enunciados bíblicos que los protestantes sacaron a la luz, y que se referían a que para la salvación no se necesitaba la mediación de hombres "superiores espiritualmente" o "líderes religiosos". En la cuarta sesión del Concilio de Trento, los jesuitas lograron que los jerarcas católicos condenaran la libertad de expresión y la libertad de conciencia. De allí en adelante, ningún hombre podía escoger libremente su propia manera de adoración –que no sea la manera católica-, ni ninguno tenía derecho a publicar lo que considerara la verdad; tampoco nadie tendría de ahí en adelante derecho a la libertad de conciencia. Cualquier parecido con los regímenes totalitarios, de izquierda o de derecha, no son, de ninguna manera, coincidencia.
Desde su creación, los jesuitas han sido entrenados para sujetarse sin condiciones a la autoridad reconocida. A su vez, cuando infiltran iglesias protestantes, ellos han enseñado esto en las denominaciones "cristianas". Mediante esta sujeción sin condiciones los adoctrinados se convierten en instrumentos dóciles en las manos de sus líderes religiosos y poco a poco se convierten en radicales enemigos de toda clase de libertad. Loyola escribió: "Estemos convencidos de que todo es bueno y correcto cuando lo ordena un superior. (...) Incluso si Dios les diera un animal sin raciocinio como señor, no vacilarán en obedecerle como amo y guía, porque Dios ordenó que así fuera.." Nuevamente, cuando los pastores "cristianos" enseñan en sus iglesias que "quien desobedece al pastor, desobedece a Cristo", ya sabemos de dónde procede esta inspiración espuria. Igual que para los jesuitas, ver a su superior es como ver al mismo Cristo, para los "cristianos" modernos ver a su pastor es ver al mismo Cristo.
Loyola, en su "Sententiac asceticae" dice: "Un buen pastor de almas tiene que saber cómo ignorar muchas cosas y pretender que no las entiende. Una vez que sea el amo de las voluntades, podrá guiar sabiamente a sus estudiantes hacia donde él elija". Igual que en Asambleas de Dios, la Misión Carismática Internacional y el resto de denominaciones que manejan Encuentros Espirituales y Seminarios Bíblicos, Loyola –en sus Ejercicios Espirituales, da instrucciones precisas sobre la manera de impactar la psiquis de los oyentes mediante los ritmos de respiración, las pausas, los llantos, los gritos y la música. Leer los ejercicios hace que uno se sienta como en un Seminario de Asambleas de Dios o en uno de los Encuentros del G12.
El papa Pablo III les confirió poderes especiales a los jesuitas; los absolvía de antemano de cualquier tipo de pecado, incluidos la herejía y la falsificación de la Biblia. El papa Gregorio XIII les concedió después el derecho de hacer negocios comerciales y bancarios sin necesidad de ser supervisados por ningún otro jerarca ni gobierno. Para defender estos derechos, los papas recurrieron a reyes y gobernantes mediante lo que hoy conocemos como Concordatos.
A través de los siglos, los jesuitas lograron afincarse en Alemania, Italia, Portugal, España, Suiza, Polonia, Suecia, Inglaterra y Francia, países que arruinaron y de los cuales los expulsaron; pero siempre regresaron. También, durante los siglos XIV y XV establecieron misiones en India, China y Japón, pero allí tuvieron mucha resistencia y no regresarían sino hasta siglos después.
Los jesuitas en América
Descubierto el Nuevo Mundo, los jesuitas intuyeron acertadamente que éste era mucho más favorable para sus intereses que el continente asiático. Conocedores de que el Nuevo Mundo estaba habitado en su mayoría por bandas de cazadores-recolectores, inferiores técnica y militarmente al europeo, los jesuitas se concentraron en esta clase de pobladores americanos dejando las civilizaciones más "avanzadas", como incas y mayas, en manos de dominicos y franciscanos.
Caso especial fue el de Paraguay, país que en época de la Colonia abarcaba un territorio extenso que incluía parte Brasil, Uruguay y Argentina. Allí los jesuitas trabajaron con los guaraníes, cazadores nómadas dóciles y amables que no ofrecieron resistencia ante la evangelización jesuita siempre y cuando fueran provistos de alimento y tabaco.
Fue con ellos que los jesuitas, en el siglo XVII, empezaron a experimentar su modelo "comunista" de organización política, una especie de colonia de Dios hecha a la medida de sus intereses. Despojándolos de su forma de vida, estos cazadores nómadas fueron obligados a vivir encerrados en estas "reducciones" (así se llamaban) cobijados y supervisados por los jesuitas que ejercían su dominio paternalista sobre los indígenas. Igual que lo establecerían muchos años después en la Rusia de Stalin, en la Cuba de Castro o en la Venezuela de Chávez, los jesuitas anularon la propiedad privada en todos los ámbitos de la vida del guaraní: "Todo lo que el cristiano posee y usa, la choza donde vive, los campos que cultiva, el ganado que provee alimento y vestimenta, las armas que lleva, las herramientas con que trabaja, aún el único cuchillo de mesa que se le da a cada pareja joven cuando establece su hogar, es `Tupambac', propiedad de Dios.."
Los indígenas ni siquiera podían disponer de sus propias vidas ni la de sus hijos. No les pertenecían. Un bebé lactante estaba bajo cuidado de la madre, pero tan pronto podía caminar se colocaba bajo el poder del Superior jesuita o sus agentes. Les impedían aprender a escribir en español para que no se "contaminarán" con los blancos. A los jóvenes de 14 ó 15 años los casaban para evitar el pecado de fornicación. Además, a los guaraníes les negaban la posibilidad de ser sacerdotes o monjas; cuando iban a trabajar a los campos, debían ir cantando algún tema religioso mientras llevaban una imagen sagrada en procesión. Por las noches debían rezar el rosario y escuchar el catecismo. Los tiempos y maneras de recreación también eran controladas por los jesuitas para evitar los pecados de la carne. Para castigarlos por sus faltas, los jesuitas usaban el látigo, el ayuno, la prisión, la vergüenza pública y la penitencia en la iglesia. También era obligatorio que el castigado recibiera la humillación con gratitud. Los guaraníes de las reducciones se convirtieron en católicos devotos y místicos que veían milagros en todas partes y que disfrutaba del sufrimiento de la penitencia. Aprendió a obedecer ciegamente a los líderes jesuitas. Es decir, los jesuitas enseñaron lo que ellos mismos aprendieron en una educación que todavía dura más de catorce años al final de los cuales ya han renunciado totalmente a todo criterio personal, a toda iniciativa propia mientras se sujetan totalmente sus superiores. (H. Boehmer, "Les Jesuites", U. De Bonn, citado por Edmond Paris).
En general, debido a la doctrina medieval de que el Pontífice tenía plena soberanía sobre los territorios ocupados por "infieles", los papas tenían pleno y reconocido derecho para hacer traspaso de estos a manos de los monarcas católicos. Fueron los papas quienes dividieron el Nuevo Mundo repartiéndolo entre las coronas europeas. La América hispana de hoy fue otorgada en ese entonces por el papa al Rey español bajo el compromiso de predicar el "evangelio".
Esa ideología de la dominación reconocía el poder papal sobre toda autoridad regia. Tomás de Aquino, por ejemplo, era un defensor acérrimo de la pirámide de autoridad que hoy esgrimen por igual las iglesias católica y evangélicas, y que incluía de igual manera la aceptación doctrinal de la desigualdad humana y, por tanto, de la esclavitud.
Así pues, lo que los jesuitas instalaron en Latinoamérica no fue otra cosa que su visión cosmogónica de un Estado totalmente jerarquizado dominado por el rey, sustentado en la práctica social por la existencia de una pirámide social basada en premisas religiosas que aceptaban la desigualdad social. Para los indígenas guaraníes, como ya se dijo, que no tenían contacto con el europeo conquistador, se estableció un sistema donde ellos –los jesuitas- eran la única autoridad mientras los guaraníes eran los esclavos.
Debido al permiso "divino" que idearon los jesuitas en el Concilio de Trento para exterminar a todo aquel que no pensara lo mismo que el Vaticano, los europeos tuvieron la bendición del papa para aniquilar a todos los indios que consideraran peligrosos para su dominio, excusándose en la maldición de Trento que culpaba a los indios del pecado de idolatría, suficiente para ser condenados a muerte.
La iglesia Católica, entonces, sostuvo y propagó el oscurantismo hacia Latinoamérica tanto tiempo como fue posible. Mientras tanto, países de influencia netamente protestante y liberal, como Inglaterra, impusieron el libre mercado y las autoridades coloniales españolas no pudieron controlar el contrabando hacia sus dominios. Este comercio ilegal fue satanizado desde los púlpitos donde los sacerdotes católicos esgrimían la protección a la nacionalidad asegurando que el contrabando era un pecado que los condenaría al castigo del fuego eterno.
Los criollos –españoles nacidos en América- siendo menospreciados en esta pirámide social ideada por los jesuitas, empezaron a anhelar la libertad y las oportunidades comerciales que veían en Norteamérica. Hombres poderosos económicamente, no veían con buenos ojos el estar socialmente por debajo de los europeos y empezaron a manifestar abiertamente su inconformidad. Los jesuitas, hábiles en advertir y aprovecharse de los cambios sociales, y siendo consejeros personales de la élite criolla, alentaron la insurrección al mismo tiempo que apoyaban al rey de España en el intento de sofocar la rebelión, a sabiendas de que en cualquier bando ganarían consiguiendo su propósito de defender la soberanía del papa.
Vencida la corona española –y la portuguesa en Brasil- los jesuitas no estaban dispuestos a permitir que las ideas de democracia y libertad, difundidas en la Norteamérica protestante, se extendieran a sus dominios. Teniendo el control de la masonería americana que ideó la independencia, la usaron hábilmente para la intriga y los asesinatos que originaron la guerra civil en las recién "independizadas" colonias. No en vano, altos jerarcas de la iglesia católica se colocaron astutamente en ambos lados del conflicto –el americano y el de la corona española- conociendo que de cualquier forma el papa ganaría en poder. En las actas constituyentes de la República, firmadas tanto en Tunja, Angostura y Cúcuta, siempre aparecen obispos signatarios que serían elegidos miembros del Senado y que, a la postre –ese era su propósito-, ejercerían toda su influencia para alcanzar el Patronato (o Concordato) entre el Vaticano y las nacientes repúblicas. Bolívar y Santander, ambos masones, fueron grandes impulsadores del "concordato" durante la Gran Colombia. De esta manera, los ideales de verdadera libertad y democracia se diluyeron instantáneamente dejando vigente la misma estructura económica y social de la Colonia. La única diferencia fue el cambio de mando de los europeos a los criollos, los oligarcas nacidos en suelo americano. Todo el armazón de dominación siguió intacto: los privilegios de clase, los diezmos a la iglesia católica, los monopolios, la dominación de la oligarquía para legislar y para establecer las condiciones económicas, políticas y sociales que aseguraran su permanencia en el poder durante generaciones hegemónicas, todo eso sirvió a los propósitos del Vaticano que puedo dominar fácilmente a los nuevos dueños de las repúblicas.
Hábilmente, los jesuitas ratificaron el control de la iglesia sobre la educación republicana y sobre sus fuentes de financiamiento. Los gobiernos liberales de Mosquera y Herrán –en Colombia, no consiguieron el establecimiento de un Estado seglar, debido a que durante varios siglos de paciente trabajo, la iglesia Católica se había establecido firmemente en la mente de los colombianos convirtiéndolos en personas obedientes a la jerarquía católica a la cual –a la vez- temían profundamente por las consecuencias escatológicas de la "rebeldía" a ella.
Fieles a sus objetivos, los jesuitas habían penetrado todos los ámbitos sociales. Colocaron religiosos bajo su control en todas las juntas y organizaciones posibles de la nueva república con el fin de que nada escapara a su manejo. Incluso en las guerras de independencia, los clérigos "rebeldes" a la Corona española, usaban el fanatismo religioso como arma para impulsar a los incautos campesinos a pelear para defender los derechos de quienes se convertirían en sus nuevos amos. Hoy en día, sobre todos en Estados Unidos, son los pastores evangélicos los que azuzan a los "cristianos" para que peleen contra los herejes islámicos so excusa de defender la supremacía de los gringos. Pastores reconocidos, como Antonio Bolainez y D. Ureña, escriben acalorados discursos de tinte profético y apocalíptico donde se anima al cristiano hispano a defender a Estados Unidos -una "nación cristiana"- de perversos seres malignos como Sadam Hussein (hermano masón de Bush, su asesino), aseguran estos pastores que el cristianismo debe ser beligerante y nacionalista, que pelear en la guerra contra el Islam es pelear al lado de Dios. Dicen que Bush es un cristiano, un hombre bueno a quien "le toca hacer a veces cosas malas para que la profecía se pueda cumplir.." Por su parte, Bush, delirante de misticismo protestante, asegura que el Señor Jesús le habla al oído y le ordena ir a bombardear Irak o Afganistán. Lo mismo asegura Hugo Chávez, otro deschavetado caudillista que es apoyado por la iglesia católica y por el concilio de iglesias evangélicas. De Castro, ni hablar.
Durante el establecimiento de la república, a Colombia llegó un diplomático estadounidense, protestante, llamado Robert McAfee. En una misiva oficial remitida a su gobierno, aseguró que a pesar de haber transcurrido 300 años en la Nueva Granada, "el pueblo carece aún de libertad de conciencia" y dijo que la influencia del clero católico se constituía en una "implacable dominación ejercida por la Iglesia sobre un pueblo que se suponía libre.." (Robert McAfee. "Despachos Diplomáticos", 1834. citado en Mito, 1975, p. 334, Bogotá, Instituto Colombiano de Cultura)
A pesar de esta declaración cierta, los protestantes estadounidenses, defensores de la democracia y la libertad, también se vieron infiltrados por los jesuitas logrando que masones como George Washington imprimieran en la Constitución de ese país algunas de sus concepciones. Sin embargo, y es justo reconocerlo, los protestantes norteamericanos influyeron mayormente en esta acta que se ha constituido como modelo en todas las democracias del mundo entero.
En Estados Unidos, un país mayoritariamente "protestante" los jesuitas controlan mediante masones y judíos sionistas (fieles al papa) todo el mercado del entretenimiento, el deporte, el juego, la mafia y el licor. Hollywood está en manos de ellos. ¿O acaso no se han preguntado por qué razón en las películas gringas, siempre se hace apología al catolicismo..? En un país mayoritariamente protestante esto es muy extraño. Walt Disney, masón grado 33 fue muy usado por los jesuitas; la mayoría de los equipos de fútbol, como los Leones de Detroit, los Pittsburgh Steelers y otros, son propiedad de algunos Caballeros de Malta, orden religiosa católica de caballería creada y controlada por los jesuitas. El centro de juego de la ciudad de Las Vegas, también está controlado por ellos mediante la Comisión de la Mafia.
La Compañía de Jesús ha dividido el mundo en 83 regiones. En cada región hay un provincial Jesuita. En solamente Estados Unidos hay 10 provinciales debido a la importancia estratégica de este país. Centroamérica solamente tiene un provincial. Irlanda tiene uno. Es mediante esos provinciales que el General jesuita, el máximo jerarca de la Orden, el llamado Papa Negro, puede controlar sus dominios.
Entre tanto, en Latinoamérica el asunto no es muy diferente. Son ellos quienes controlan el tráfico de drogas –fuente enorme de recursos financieros-, utilizando a las guerrillas en Colombia (de origen e influencia eclesiásticos), o los grupos paramilitares también conformados por creyentes fieles a Roma; comandantes paramilitares que se han entregado a la justicia hablan de altos jerarcas católicos que pertenecen al grupo de 6 personas que dirigen desde la oscuridad a toda la infraestructura paramilitar. Los vínculos de la guerrilla colombiana con el clero católico son inocultables. Los vínculos de la aristocracia colombiana con sus aparentes contradictores –la guerrilla- también son evidentes. El oligarca Alfonso López Michelsen, relacionado con la mafia, también tuvo fuertes vínculos con la guerrilla maoísta del ELN. Incluso, siendo presidente, cuando las fuerzas militares estaban a punto de dar el golpe final para acabar con el ELN, López les ordenó a sus comandantes no perseguirla más. Y hay muchos ejemplos más de esto.
Es esta relación perversa entre iglesia católica, mafia y familias oligarcas la que ha tenido sumida en la más infame pobreza a nuestro pueblo que sigue llenando a reventar iglesias católicas y "protestantes" en búsqueda de una iluminación que jamás les llegará por esa vía.
Hoy, la Orden de los jesuitas está más activa que nunca. Predicando un "evangelio marxista", tipo socialismo bolivariano de Chávez, está colocando al mundo al borde de una Tercera Guerra Mundial ignorando –o tal vez no- que de un tercer conflicto sólo quedarían cenizas. Los jesuitas saben mejor que nadie que Estados Unidos está en el umbral de su poderío, que pronto dejará de ser potencia mundial, y por ello están apoyando abiertamente a Rusia a pedido de las convenientes "apariciones" de la virgen María en las cuales ella ha ordenado la conversión de los rusos. Ya colocaron un papa comunista polaco y ahora establecen concordatos con los gobiernos socialistas que han ayudado a escoger.
En el próximo artículo –ahora sí- podemos ahondar en el papel que desempeñaron los jesuitas en las dos Guerras Mundiales, en el régimen de Stalin, en el holocausto judío, en el socialismo de Hitler, de Mussolini y de Franco.
Gracias a Dios nada de lo que estos sanguinarios personajes hagan podrá en modo alguno frenar su inevitable y próxima caída.
Ricardo Puentes M.
Julio de 2007.
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